Incursiones relámpago, estilo Sturmtruppen, en episodios que tuvieron lugar en Andorra y cercanías durante la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial y las dos postguerras, con ocasionales singladuras a alta mar, a ultramar y si conviene incluso más allá.
[Fotografía de portada: El Pas de la Casa (Andorra), 16 de enero de 1944. La esvástica ondea en el mástil del puesto de la aduana francesa. Copyright: Fondo Francesc Pantebre / Archivo Nacional de Andorra]

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martes, 30 de junio de 2015

El secreto más negro del Montmantell

Localizamos en el Archivo Nacional localiza la visura de los tres aviadores norteamericanos fallecidos en octubre de 1943 en la Massana cuando intentaban llegar a Andorra; una expedición organizada por Geert van den Bogaert, guía de los campos de batalla de Normandía, reconstruirá a partir del 4 de julio el periplo de uno de ellos, Francis E. Owens; llegarán a Andorra el 9 de julio, y dos días después le rendirán homenaje en el cementerio militar de las Ardenas, donde sus restos descansan desde 1950. 

Visura levantada por el secretario del Consell General, Bonaventura Riberyagua, el 12 de junio de 1944, donde deja constancia del descubrimiento de los cuerpos de los tres aviadores norteameicanos en "la montanya denominada Montmantell, territorio de la parroquia de la Massana". Después de registrarlos sin encontrarles en los bolsillos más que una foto "que semble que es la torre Eiffel de París" y dos francos franceses, concluye que los cadáveres habían sido expoliados.  A causa del mal estado de los cuerpos -los tres hombres habían muerto en octubre de 1943, ocho meses antes- Riberaygua concluye que "no puguerem baixar-los com ere ordenat, per quan  no s'haguere pogut agüantar la mala olor que feien". Fuente: Fondo Tribunal de Corts / Archivo Nacional de Andorra.
Acta firmada por el batlle episcopal, Anton Tomàs, el 12 de septiembre de 1944, tras la inhumación de "tres cadavers momificats" en el cementerio de Arinsal, "con asistencia del reverendo ecónomo de la Massana, mosén Jaume Martí. El batlle concluye que se trata de los tres cuerpos "apareguts a la montanya de Montmantell i als que es refereix el precedent raport del cap de Policia de les Valls, ambdata del 14 de juny del corrent any". Fuente: Fondo del Tribunal de Corts / Archivo Nacional de Andorra.

El cónsul de los EEUU en Barcelona, James E. Brown Jr, comunica al Ilmmo. y Revdmo Obispo de Seo de Urgel que en fecha próxima -él escribe el 13 de octubre de 1950- se personará en Andorra un denominado Grupo de Búsqueda y Recuperación del 7887 Graves Registrations Detachment con sede en Lieja, con el objetivo "de hacerse cargo de los restos de varios soldados norteamericanos de cuya desaparición se dio cuenta en los meses de octubre y noviembre de 1943". El cónsul solicita información sobre "que permiso debe obtenerse, caso de ser necesario alguno, y de aquellas autoridades que ejerzan las funciones de un Ministerio de Sanidad en Andorra", así como de las "leyes sanitarias de Andorra y españolas, i es que existen, a las que debe darse cumplimiento durante la evacuación de los restos desde Andorra". Fuente: Fondo del Tribunal de Corts / Archivo Nacional de Andorra.
Su Señoría Ilustrísima Perdo Pujol, presbítero, informa a Don Jaima Martí y Sanjaume, cura ecónomo de la Massana, que ha sido concedido el permiso al Destacamento de Registro de Sepulturas 7887 del Ejército de los EEUU para la exhumación de los restos del teniente segundo Harold B. Bailey, del sargento Francis E. Owens, y del sargento técnico William B. Plaskett, "desaparecidos en el otoño de 1943 y cuyos cadáveres fueron encontrados en el monte de Arinsal en la primavera de 1944". Fuente: Fondo Tribunal de Corts / Archivo Nacional de Andorra.
Informe fechado en Andorra la Vella el 8 de noviembre de 1950 y firmado por el Grupo de Búsqueda destacado a Andorra, compuesto por Hermann Hilljegerde y su intérprete, Bruno Grava, dando cuenta de la exhumación "d'une tombe commune dans le cimetière d'Arinsal, comprenant 3 corps, qui apres son identification se sont revélés les corps des soldats appartenant à l'Armée Américaine". La nota concluye con la declaración que Hilljefgere y Grava se hacen cargo de los cuerpos por cuenta del Graves Registration Detachment. Fuente: Fondo Tribunal de Corts / Archivo Nacional de Andorra.


Informe de la exhumación practicada en Arinsal el 8 de noviembre de 1950, tras la cual el Graves Registration Detachment recupera los cuerpos de los sargentos Plaskett (número de matrícula 12011015) y Owens (33303393), así como del subteniente Bailey (0-793276). Son las dos últimas páginas del expediente del caso. Fuente: Fondo del Tribunal de Corts / Archivo Nacional de Andorra. 




Fotografías del sargento Francis E. Owens, natural de Pennsilvania, artillero de cola del B-17F 42-29928 del 381º Grupo del 353º Escuadrón de bombarderos de la Fuerza Aérea norteamericana, abatido sobre La Coulonche el 4 de julio de 1943. 

Tumba de Owens en el cementerio militar de las Ardenas.

"A les set hores [...] varem arribar al lloc hont es trobave el primer [...] Vestie un traje blau-mari. cabel ros i calçave sabates baixes de color negre; al seu costat, sobre duna roca, hi habie un barret de panyo color marró". Es el 12 de junio de 1944, y quien esto escribe es Bonaventura Riberaygua, secretario del Consell General i jefe de la policía. Siguiendo las indicaciones del batlle episcopal, Anton Tomàs, aquel día había subido "a recullir tres homens morts a la montanya denominada Montmantell, territori de la parroquia de la Massana", con el agente Benazet "i dotze homes manats per el Sr. Capità de la citada parroquia".

La visura que reproducimos aquí arriba, conservada en el fondo del Tribunal de Corts en proceso de catalogación en el Archivo Nacional y que constituye un documento excepcional -nunca hasta ahora se había publicado el acta de las víctimas de una expedición de fugitivos de la II Guerra Mundial- no nos dice los nombres de los tres "homens morts". Pero por la documentación adjunta -una carta del cónsul de los EEUU en Barcelona que le anuncia al "Ilmo. y Revdmo. Obispo de Seo de Urgel" la inminente llegada de una delegación del 7887 Graves Registration Detachment, la unidad del ejército norteamericano que en la época se encargaba de localizar los restos de los soldados yanquis muertos en Europa durante la contienda, y el acta de exhumación de los cuerpos, fechada el 8 de noviembre de 1950- sabemos que se trata del subteniente Harold B. Bailey y de los sargentos Francis E. Owens y William B. Plaskett, muertos en el pico de Montmantell -y no al cruzar el Port del Rat, como creíamos hasta ahora- el 25 de octubre de 1943, cuando intentaban ganar Andorra desde la localidad de francesa de Suc. 

La odisea con final luctuoso de estos tres militares la apuntó Claude Benet hace un par de años en un suculento artículo publicado en la revista Portella, y la recordábamos ayer a cuenta del singular proyecto impulsado por el Geert van den Bogaert, guía belga especializado en los campos de batalla de Normandía que entre el 4 y el 12 de julio reconstruirá el periplo que llevó a Owens -artillero de cola de un B-17 del 533º escuadrón de bombarderos de la USAF abatido el 4 de julio de 1943 sobre la Couloche, al noroeste de Francia- a morir en este rincón de mundo nuestro: el 9 de julio, procedente del lago de Soulcem, en la Arieja francesa, llegará a Arinsal la expedición, en que participan una sobrina y una sobrina nieta de nuestro hombre. Al día siguiente partirá rumbo a Barcelona, donde será recibida por el cónsul británico, e inmediatamente después, a las Ardenas, donde el sargento fue finalmente inhumado.

Pero regresemos con el secretario Riberaygua a, 12 de junio de 1944. En aquel primer cadáver no encontraron nada más que unas fotografías "mitg borrades entre les quals nhi ha una que sembla que és la torre Eiffel i una cadeneta molt senzilla amb una petita medalla que duia al coll". Un centenar de metros más arriba localizan el segundo de los cuerpos: los bolsillos, al revés y desgarrados, la hacen sospechar que lo habían registrado de arriba abajo; igual que al tercero, que aparece a unos 300 metros, "sense cap mena de documentació ni paper, únicament una moneda de dos francs francesos". El caso es que Owens, Bailey y Plaskett habían muerto ocho meses antes, cuando los dos primeros tomaron la heroica decisión de cargar al sargento Plaskett, derrengado. Heroica y también suicida, porque dejaron el pellejo en  el intento. Se entiende, por lo tanto, la durísima apreciación con que el secretario Riberaygua concluye la visura: "Estant els tres amb llastimós estat, no puguerem baixar-los com ere ordenat, per quan no s'haguere pogut agüantar la mala olor que feien". Glups.

La USAF entra en acción
Los cuerpos de los tres hombres quedaron por lo tanto en la montaña hasta el 12 de septiembre, cuando el batlle Tomàs levanta acta de la inhumación en el cementerio de Arinsal "de tres cadàvers momificats (...) els mateixos cadàvers apareguts a la montanya de Montmantell". Como se ve, ni el secretario ni el batlle consignan los nombres de los militares. Para identificarlos habrá que esperar -lo hemos visto- hasta octubre de 1950, cuando el Graves Registration Detachment comunica a los servicios del Obispo la intención de enviarnos "un grupo de búsqueda y recuperación" con el objetivo de "buscar y hacerse cargo de los restos de varios soldados americanos de cuya desaparición se dio cuenta en los meses de octubre y noviembre de 1943 durante una tentativa de pasar de Francia a España a través de Andorra". Y así fue: el 8 de noviembre aterrizan aquí arriba -o abajo, o abajo- Hermann Hilljegerdes, miembro del Detachment, y su intérprete, un tal Bruno Grava, y proceden -dice el acta, que se conserva con el dosier del caso- "a la exhumacion de una tumba común en el cementerio de Arinsal donde aparecen tres cuerpos que, después de ser identificados, corresponden a soldados del ejército norteamericano, según informes de la desaparición de estos tres hombres en otoño de 1943".

Se trata, claro, del navegante Bailey, con número de matrícula 0-793276; del operador de radio Plaskett (12011015), y de nuestro Owens (33303393). El primero tuvo la mala suerte de saltar en paracaídas cuando su bombardero fue tocado en un raid sobre el aeródromo de Le Bourget, cerca de París. Fue el 16 de agosto de 1943, y decimos que tuvo mala suerte porque el piloto logró finalmente controlar el B-17 y conducirlo hasta Inglaterra -¡oh, los blancos acantilados de Dover! Fue inhumado en su localidad natal, Lancaster (Carolina del Sur); Plaskett, en fin, se lanzó en paracaídas el 6 de septiembre del mismo año cuando su avión se quedó sin combustible a la vuelta de una incursión sobre Sttugart. Fue enterrado en Salem, Nueva Jersey. Para los detalles del periplo que los acabó conduciendo hasta su tumba helada de la montaña de Montmantell, pinchen en La muerte espera en el port del Rat. Y todavía más, en la reconstrucción de aquellas fatídicas jornadas del otoño de 1943 a cargo de Warren B. Carah, hijo de un antiguo compañero de tripulación de Owens -con mejor fortuna que él: sobrevivió a la guerra.

[Este artículo se publicó el 30 de junio del 2015 en el diario Bon Dia Andorra]

martes, 24 de marzo de 2015

Muertos que recuperan su identidad (75 años después)

El Archivo Nacional de Andorra pone nombre y apellidos a los cadáveres de los tres refugiados de la Guerra Civil aparecidos en el fondo fotográfico de Narcís Casal i Vall, adquirido en diciembre y formado por 144 placas de vidrio: Pere Isern, Emili Font i Josep Forradelles. Los tres eran catalanes y murieron entre 1937 y 1938 cuando intentaban huir de la zona republicana a través de Andorra.

"Pronunciadas por el nunci las palabras mort qui t'ha mort y mort es qui no parla, el Sr. facultativo ha practicado el reconocimiento del cadáver y ha determinado que la defunción se produjo a consecuencia de un ataque de asistolia a causa del frío y del agotamiento". Es el 31 de octubre de 1938 y el difunto en cuestión es Pere Isern, "vaquero, natural de Lavansa (Lérida), de veinticinco años de edad y de estado soltero". Así consta en el acta de la visura practicada ese mismo día por el batlle episcopal, Antón Tomàs Gabriel, en la borda del Tosal, y si hablamos de este asunto hoy y aquí es porque Isern es el protagonista de la impactante fotografía que tienen aquí abajo: la publicó el Archivo Nacional de Andorra a principios de diciembre, formaba parte de un lote de 144 placas de vidrio de autor anónimo que acababa de ingresar en el mismo Archivo, y mostraba a un nutrido grupo de hombres -con importante presencia de gendarmes franceses, dando a la escena un raro empaquen institucional- que exhibía el cuerpo exánime de un hombre no identificado. El conservador de los fondos fotográficos del Archivo, Isidre Escorihuela, se preguntaba entonces por la identidad de aquel pobre diablo, por los motivos de la enorme expectación que generó el funeral del difunto -que tuvo lugar en la parroquial de Escaldes y que nuestro anónimo fotógrafo tampoco se perdió- y por los misteriosos individuos ataviados con cazadoras de cuero, polainas y aspecto paramilitar que acompañan el cortejo fúnebre -¿milicianos, o quizás requetés? Y por supuesto, por el autor de la serie.





El cadáver de Pere Isern Arnau, recuperado el 31 de octubre de 1938 al pie del monte Claror. Según el médico que asistió al levantamiento del cadáver, practicado en la Borda del Tosal aunque el cuerpo se localizó algo más arriba, fue "un ataque de asistolia a consecuencia del frío y del agotamiento". Sus compañeros de huida rescataron sus restos al día siguiente del fallecimiento. El hecho de que su hermano, Joan, residiera ya en Andorra, explica la rara expectación que generó el funeral de Isern, que fue enterrado en el cementerio de Escaldes. Fotografías: Fondo Casal i Vall / Archivo Nacional de Andorra.

 Emili Font Alex, de quien solo conocemos el nombre, apareció muerto en la montaña de Perafita el 9 de abril de 1937. De nuevo, el reconocimiento médico practicado in situ por el doctor Nequi establece que falleció "a causa del frío y por inanición, a consecuencia de la fatiga experimentada". Fue enterrado en el cementerio de la capital. Fotografía: Fondo Casal i Vall / Archivo Nacional de Andorra.

Josep Forradelles, nacido en Noves de Segre, "de unos 26 años de edad y maestro de primera enseñanza", según el acta de la visura, formaba parte de una expedición que había partido de la localidad de Tost el 26 de agosto de 1938. Tuvo la mala suerte de golpearse la cabeza en una caída, y aunque pareció recuperarse, cuatro días después, y cuando el grupo ya llegaba a Andorra, falleció de repente, tras sentirse muy cansado, a medio kilómetro de la frontera andorrana, por la parte del Port Negre. Sus compañeros y las autoridades andorranas rescataron el cadáver al día siguiente, luego de trasladarlo hasta territorio andorrano. Fotografía: Fondo Casal i Vall / Archivo Nacional de Andorra.

Pues tres meses después, enigma resuelto. El fotográfo es el futuro editor Narcís Casal i Vall (Barcelona, 1911-1987), y resulta que entre el lote de 144 placas adquirido por el Archivo hay dos más de temática mortuoria: las tienen también aquí arriba y muestran los cuerpos de dos individuos encontrados también muertos en nuestras montañas, que Escorihuela presumía hace tres meses y con buen tino fugitivos de la España republicana. Un documento extraordinario porque jamás hasta la fecha, dice, se había documentado el fatal destino de un buen número de refugiados que durante la Guerra Civil cruzaban la frontera con la esperanza de dejar atrás la zona roja.

Escorihuela ha identificado también a estos dos infortunados: Emili Font Aleix, de quien no sabemos más que el nombre y los apellidos -ignoramos su procedencia y las circunstancias concretas de su defunción- y cuyo cuerpo fue localizado y rescatado el 10 de abril de 1937 en la montaña de Perafita; y Josep Forradelles, que formaba parte de una expedición que había salido el 26 de agosto de 1938 de la localidad de Tost (Lérida) y que dos días después sufrió a la altura de Vinyoles de Segre una caída que acabaría resultando fatal para él: Foradelles murió el 30 de agost a consecuencia de este golpe en la cabeza cuando se encontraba, en un negro giro del destino, a medio kilómetro de la frontera andorrana, por la parte del Port Negre, como relataron sus compañeros de escapada al batlle Tomàs.

El caso es que después de tocar sin mucha suerte las teclas más variopintas -el Memorial Democrático de Barcelona, el madrileño Archivo Nacional de la Memoria, el Museo Militar de Montjuïch, e incluso la asociación de veteranos de los tercios de Nuestra Señora de Montserrat- resulta que la respuesta estaba mucho más cerca: el historiador alemán Gerrhard Lang -sí, hombre, el biógrafo de Skossyreff- dio la pista aportando copia de una carta que el jefe de la policía andorrana de la época, Secundí Tomàs, envió en mayo de 1937 al gobierno franquista de Burgos con la fotografía de Font con la vaga esperanza de confirmar su identidad, porque lo cierto es que sus señas proceden de una papel que los policías que fueron a recuperar el cuerpo a Perafita encontraron a unos metros del cadáver, papel "que parecía ser una autorización a nombre de Emili Font Aleix con fecha del 28 de noviembre de 1936". Y esto es todo. En fin, a partir de aquí, y por una rara confluencia astral, la archivera que precisamente estas semanas ha inventariado el monumental fondo documental de la Batllia episcopal, cayó en la cuenta de la existencia de una impresionante serie de fotografías de levantamientos de cadáveres que coincidían temporalmente con las fechas probables de las imágenes de Narcís Casal. Y todo encajó cuando adjuntas a las fotografías mortuorias (o al revés) aparecieron las actas de las visures practicadas por el batlle Tomàs, que han permitido poner nombre y apellidos a estos tres cadáveres hasta hoy anónimos. 

Morir en el Port Negre
Una apasionante labor detectivesca, ya lo ven, que no se termina aquí porque las visures contienen información valiosísima para comprender las condiciones en ocasiones letales a que tenían que hacer frente los fugitivos en un trayecto relativamente corto como era el que seguían para pasar a Andorra, habitualmente por la antigua ruta de contrabandistas que parte de la Cerdaña y que penetra en Andorra por el Port Negre. Emili Font, "que había aparecido en la montaña de Perafita todavía nevada" -la visura la practica el batlle en Entremesaigües, hasta donde han trasladad el cadáver, el 10 de abril de 1937- murió según el "facultativo" que asiste al levantamiento -el doctor Nequi, por cierto, hoy con calle a su nombre en la capital- "a causa el frío, por inanición como consecuencia de la fatiga experimentada". Fue enterrado en el cementerio de Andorra la Vella.

En el caso de Pere Isern, el cadáver lo identifica in situ un hermano suyo, Joan, vecino en la época de la capital. Sus compañeros de periplo tuvieron que abandonarlo, ya muerto, en la zona de Claror -asistolia, o parada cardíaca, ¿recuerdan?- "a un kilómetro aproximadamente de la frontera española", y al día siguiente vuelven al lugar del fatal desenlace para trasladarlo hasta la Borda del Tosal para las preceptivas diligencias. El acta del batlle concluye con una declaración casi sorprendente del hermano superviviente, Joan, "que tiene el convencimiento de que la defunción ocurrió a consecuencia del agotamiento y del frío, sin que tuviera la menor sospecha de que existiesen móviles que pudiera haber inducido al crimen a los compañeros con los que viajaba". Signo inequívoco de que en casos similares se habían registrado, sin duda, circunstancias comportamientos sospechosos. La leyenda negra, pero en la Guerra Civil. Como hemos visto, en fin, Pere Isern fue enterrado el 31 de octubre de 1938 en el cementerio de Escaldes, en una multitudinaria ceremonia a la que no debía ser ajeno la presencia en Andorra de su hermano.

Pero el caso más singular, enseguida lo verán, es el de Josep Forradelles, natural de Noves de Segre (Lérida), "de unos 26 años de edad y maestro de primera enseñanza", dice el acta de la visura, con el reglamentario mort qui t'ha mort y mort és qui no parla. Singular porque murió, lo hemos visto, a consecuencia de un mal golpe que se pegó en la cabeza de camino hacia Andorra. Sus compañeros de viaje lo relatan como sigue: "El martes, de madrugada [30 de agosto de 1938] se encontró muy cansado diciendo que no podía seguir [...] Como nevaba y hacía muy mal tiempo, intentamos hacerle reaccionar practicándole unos masajes, y entre dos lo ayudamos a caminar hasta que estuvimos a medio kilómetro de la frontera [con Andorra]". Fue aquí, a la vista del Port Negre, donde cayó muerto. Al día siguiente, sus compañeros, que habían continuado el camino sin él, "convencidos de que no podían hacer nada por él y resultándoles imposible trasladarlo hasta territorio andorrano por lo agotados que se encontraban", regresaron al lugar del Cap dels Clots de la Tora, en Claror -este es el topónimo que consta en el acta-, donde habían abandonado el cadáver, para recoger el cuerpo. Necesitaron una comitiva de ocho hombres, a las órdenes de los policías Riberaygua y Benazet, reforzados por "dos guardias mandados por el Sr. Coronel Comisario Extraordinario" -¡Baulard!- para trasladarlo hasta las Feixes del Jaumetó, en Escaldes, "donde el tribunal nos estaba esperando".

El expediente de Forradelles se completa con la correspondencia en que su padre, Josep, reclama sus pertenencias y el dinero que llevaba encima al morir. No parece muy satisfecho con las cuentas del batlle andorrano, según el cual al difunto se le encontraron al morir "en total, 4.700 pesetas de serie, tres billetes de veinticinco pesetas serie nueva y un miliciano de 5 pesetas, y además 21,50 pesetas de plata". De esta cantidad, la familia recuperó exactamente 2.200 pesetas, "después de deducidos todos los gastos que dice [el batlle] que tuvo que liquidar en francos y haciendo un mal negocio". "Ruinoso", dirá el padre Forradelles con cierto humor negro, y sin conseguir sacarse la mosca de detrás de la oreja porque, dice, su hijo "llevaba más de 6.000 pesetas en serie y el guía cobróse 675". Pues lo cierto es que hechas así, las cuentas no salen. 

Casal i Vall, eslabón perdido de la fotografía andorrana de entreguerras
El primer enigma de esta estupenda historia de misterio era el nombre del autor de las 144 placas de vidrio adquiridas en otoño por el Archivo Nacional en una librería de lance de Barcelona, con escenas de la vida cotidiana de la Andorra de los años 30 -los pioneros del esquí y los primeros excursionistas, más bien exploradores; procesiones religiosas y fiestas mayores, faenas del campo y caramelles, gendarmes y naturalmente, fotografía digamos forense. Escorihuela intuía entonces y con buen ojo qe el autor tenía que ser un andorrano (o hijo de andorrano) establecido en Barcelona pero que pasaba largos períodos en el país. La pista que nos lleva hasta Narcís Casal -que en 1956 levantaría, junto a sus tres hermanos, la editorial Casal y Vall, sello fundamental en el mercado editorial catalán de los años 60- es el reverso de la fotografía de Emili Font enviada a Burgos por la policía andorrana para confirmar la identidad, y donde consta nítidamente la firma del autor: "Cliché N. CASAL". Un fotógrafo de quien hasta la fecha no teníamos noticia, pero que ayudará a reconstruir gráficamente uno de los períodos más convulsos y, por lo tanto, interesantes, del siglo XX andorrano. También obligará al Archivo a un esfuerzo suplementario para adquirir -si todavía está a tiempo- el resto de la colección de Narcís Casal, inicialmente descartada porque era de temática ajena a Andorra. 

[Este artículo se publicó el 24 de marzo del 2015 en el diario Bon Dia Andorra]