Blog de temática preferente pero no exclusivamente bélica que se fijará sobre todo en los episodios que tuvieron lugar en Andorra y cercanías durante la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial y la postguerra, con ocasionales singladuras a alta mar, ultramar y si conviene más allá.
[Fotografía de portada: El Pas de la Casa (Andorra), 16 de enero de 1944. La esvástica ondea en el mástil del puesto de la aduana francesa. Copyright: Fondo Francesc Pantebre / Archivo Nacional de Andorra]

miércoles, 1 de enero de 2014

Raginis: una evasión de película

Se lo presentábamos días atrás en este mismo rincón de blog: Witold Raginis, un chaval polaco, casi un niño, nacido en 1923 y que constituye la última aportación del historiador Claude Benet -vía Portella- a la epopeya de los pasadores. Raginis es otro de los aviadores con nombre y apellidos abatido en los cielos de la Europa ocupada durante la II Guerra Mundial que pasaron por Andorra huyendo de los nazis y camino del consulado británico en Barcelona después de una peripecia digna de película y de quien Benet ha localizado el rastro. Con mejor fortuna para nuestro protagonista de hoy, digámoslo antes de continuar, que oara Francis Owens, William Plasket y Harold Bailey, de los que dábamos cienta en juna entrada anterior y que se dejaron la piel en el intento.

El caso es que la historia de Raginis la recoge su paisano Wilhelm Ratusynski en un documentadísimo, fascinante portal -Polish Squadrons Remembered- que repasa la trayectoria de un buen puñado de entre los miles de militares polacos que sirvieron en las fuerzas aéreas aliadas, especialmente en la Royal Air Force. De nuestro héroe del día ha recuperado, e incluso clogado, hasta el informe oficial de evasión, clasificado en su momento como "most secret" por el MI-9 -el departamento de la Inteligencia Militar británica que se encargaba de infiltrar agentes tras las líneas enemigas y de recoger (y verificar) el testimonio de los evadidos- y contiene suculentos detalles de la odisea de Raginis. Veámoslos.

El periplo de este antiguo estudiante de 19 años que había residido en Francia desde 1923 y que en septiembre de 1941 había pasado a Inglaterra para enrolarse en la RAF -"Sin el permiso de mis padres", dice en el informe- acabó felizmente, ya lo habíamos avanzado, con su llegada a Andorra el 3 o el 4 de noviembre de 1943, diez días después de que Owens y compañía murieran de frío en el Port del Rat. Pero arranca quince meses antes. Exactamente, el 20 de agosto de 1942, cuando el bombardero Wellington IV del 305 escuadrón de la RAF donde servia como artillero de cola fue tocado por las defensas antiaéreas germanas -los temibles y eficaces Flak, el cañón de 88 milímetros que perforaba cualquier blindaje que se le ponía por delante y que fue incluso utilizado como letal arma antitanque- en una misión para sembrar de minas la rada de Brest y se ve obligado a un amerizaje de emergencia. Ya vemos que la cosa empieza bien. Los cinco hombres de la tripulación son rescatados por pescadores locales y entregados a la guarnición alemana de la ciudad, que los trata con sorprendente humanidad, y comienza para Raginis un larguísimo peregrinaje como P/W, las siglas inglesas para Prisionero de Guerra. Primero, los interrogatorios de turno, en París y luego en Frankfurt. Los oficiales de inteligencia -¿recuerdan el fulano que mutila a Willem Dafoe en El paciente inglés?- muestran un comprensible interés por averiguar su escuadrón, la misión en que fue abatido y los nombres del resto de la tripulación. Raginis se niega a responder. Primero lo consigue -"No recurrieron ni a amenazas ni a violencia alguna, el interrogador mostró maneras amables", afirma- pero en seguida se cansan del juego, se olvidan de las buenas maneras, le ordenan mantenerse en posición de firmes cuando le interrogan y le someten a una dieta de pan y agua.

Un Wellington IV de los escuadrones polacos de la RAF. El sargento artillero Witold Raginis tripulaba unos de estos aparatos cuando fue derribado en una misión sobre Brest, el 20 de agosto de 1942.

Pero vuelve a salirse con la suya, y sin chivarse. Al menos, esto es lo que parece deducirse del informe oficial. Lo transfieren a un campo de P/W en Lamsdorf (Alemania), donde permanecerá durante seis meses, "la mayor parte del tiempo encadenado". Aquí cambia de identidad con otro P/W, el soldado raso Edward Lehem, y ya con su nueva identidad lo envían a un nuevo campo de trabajo, ahora a Tarnoweskie, en la Silesia alemana, donde contactara con un futuro compañero de escapada andorrana -el sargento Piotr Bakalarski, polaco como él y piloto del 300 escuadrón de bombardeo de la RAF abatido el 27 de julio de 1942 al norte del estuario del Elba, cuando regresaba a bordo del Wellington que pilotaba de una incursión sobre Hamburgo. Raginis i Bakalarski -de quien también conocemos el informe de evasión- se presentan voluntarios para un kommando de mineros y los trasladan a la localidad polaca de Beuthen, donde protagonizarán el primer intento de fuga por el sencillo expediente de cortar la reja del campo.

Estamos ya en septiembre de 1943, más de un año después de caer en manos alemanas. Bakalarski tiene la mala fortuna de ser interceptado por una patrulla de la Gestapo que justo en ese momento, y en ese lugar, se encontraba cazando miembros de la Resistencia polaca. Pero tuvo suerte: a su guía lo liquidan sin contemplaciones. Raginis, siempre afortunado, se oculta en una granja, contacta con la Resistencia, lo conducen a Cracovia -donde permanecerá siete semanas, tiempo suficiente para reencontrarse con Bakalarski, que se había vuelto a fugar- y haciéndose pasar por trabajadores polacos consiguen llegar a Francia: el 18 de agosto se encuentran en Sarrenbourg; el 15 de septiembre, en Luneville; y el 25 de octubre comienzan la travesía de los Pirineos. Su grupo lo forman cuatro militares aliados -Raginis, Bakalarski, un tal sargento Philo, y un soldado neozelandés a quien llaman Hatson- más un guía local.

La excursión hasta Andorra, que tenía que durar ocho horas, se prolonga de forma inquietante: a las 6 de la tarde, después de 18 horas andando, todavía no han llegado ni a la frontera, Hatson no puede más y Raginis y el guía deciden adelantarse para pedir ayuda. A la altura de Fontargent, el guía lo abandona. Raginis está a punto de ser sorprendido por una patrulla alemana, pero con su fortuna habitual da con un grupo de trabajadores que le permiten quedarse tres días en su cabaña; llega como puede a Aston, roba una bicicleta en la carretera de Ax y contacta en Urs con el guía español que había desaparecido en Fontargent, que le presta un último servicio -quizás para hacerse perdonar la felonía- y lo acompaña en tren hasta Merens, lo empaqueta hacia Ospitalet y el 3 o el 4 de noviembre por la noche -no queda claro el día- comienza la última y ahora sí definitiva etapa: en cinco horas se planta "a 8 quilómetreos al sudeste de Soldeu" -que para un fugitivo de la Gestapo ya es concretar- donde encuentra un hombre que le confirma que sí, que se encuentra por fin en Andorra, tierra de promisión. Está salvado. Continúa a pie, incansable, hasta Escaldes, y el final es digno de un hombre que ha sobrevivido al impaxto de un Flak, a un amerizaje forzoso, a los interrogatorios de la Gestapo y, en fin, a quince meses de hospitalidad nazi: "El viaje a España me lo gestioné yo mismo". Raginis se encuentra el 29 de noviembre de 1943 en Gibraltar, y al día siguiente, en Whitchurch, Inglaterra. Toma ya.

La lástima es que, a diferencia de los compañeros de escapada de Owens, lo ignoramos todo -de momento, claro- sobre qué fue de Raginis después de su odisea bélica: ¿volvió a su puesto de artillero de cola de los escuadrones de bombarderos polacos de la RAF? ¿Sobrevivió a la guerra? ¿Volvió quizás a Montluçon, la localidad auvernesa donde residía en tiempos de paz? ¿Y a Andorra? ¿Acabó, en fin, sus interrumpidos estudios?

Ni idea. Pero volvamos a Fontargent: ¿qué ha pasado mientras tanto con Bakalarski, Philo y Hatson? Según el primero, el soldado neozelandés murió en la montaña, en algún lugar al norte del pico de Rhule, dice Bakalarski, el mismo 25 de octubre que perdieron de vista a Raginis y al guía. Al día siguiente tiene que curar los pies congelados de su compañero Philo, y el 27 encuentran refugio en otra cabaña de pastor, siempre tan oportunas, después de haber evitado, continúa Bakalarski, a los "gendarmes de montaña andorranos"... Un cuerpo por otra parte en aquellos tiempos inexistente. Pero tampoco nos vamos a poner ahora quisquillosos con la memoria del bueno de Baka. Habían tardado dos días y una noche en recorrer el camino entre Luneville y Andorra. A Raginis todavía le quedaban diez de maratón. Pero por lo menos no se quedó en la montaña como Hatson.

[Este artículo se publicó el 13 de junio de 2013 en El Periòdic d'Andorra]

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