Blog de temática preferente pero no exclusivamente bélica que se fijará sobre todo en los episodios que tuvieron lugar en Andorra y cercanías durante la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial y la postguerra, con ocasionales singladuras a alta mar, ultramar y si conviene más allá.
[Fotografía de portada: El Pas de la Casa (Andorra), 16 de enero de 1944. La esvástica ondea en el mástil del puesto de la aduana francesa. Copyright: Fondo Francesc Pantebre / Archivo Nacional de Andorra]

sábado, 11 de enero de 2014

El increíble vuelo del avión fantasma

El Museo de Sort expone dos bimotores alemanes caídos en el Pallars en la II Guerra Mundial; uno de los aparatos recorrió 200 kilómetros sin tripulación antes de estrellarse en Espot

24 de agosto de 1943. Los instrumentos del bombardero Dornier Do-214, joya de la Luftwaffe, acaban de fallar, y la tripulación no se ve capaz de orientarse en la oscuridad de la noche. El aparato sobrevuela Bayona, unos centenares de kilómetros al sudeste de su base, en el aeródromo parisino de Villaroche. Antes de que el combustible de agote, los cuatro hombres de la tripulación saltan en paracaídas. Comienza aquí el increíble, fascinante periplo del avión, que fue a estrellarse en una cresta rocosa de cerca de 2.700 metros de altura justo encima del Estany Negre, en el municipio leridano de Espot, en plenos Pirineos: había sobrevolado aproximadamente 200 kilómetros de la cordillera... ¡sin piloto!, antes de ir a caer en las montañas pallaresas.Una proeza aérea que el historiador Josep Pla Blanch -nada que ver con el autor de El cuaderno gris- ha reconstruido en Avions alemanys caiguts al Pallars durant la II Guerra Mundial (Garsineu) y que forma parte de los (muchos) atractivos del Museo de Sort -ya saben, la antigua prisión del municipio reconvertida en espacio que evoca el paso de fugitivos de la Europa nazi a través de los Pirineos. El Museo ha incorporado a sus fondos la radio del Dornier caído -que no abatido- en Espot, y uno no puede dejar de pensar que fue con este mismo aparato con el que la tripulación debió comunicarse por última vez con su base antes de saltar al vacío.

Cola del Junkers Ju-88 que la noche del 24 de marzo de 1944 se estrelló en la montaña de Enviny. Fotografía: Salvador Solé (Avions alemanys caiguts al Pallars durant la II Guerra Mundial).

Hay que decir que se trataba de un vuelo de instrucción de largo alcance, y que tuvo un final doblemente trágico: por una parte, uno de los cuatro tripulantes del bombardero -el sargento Alfred Gindler, ¡el operador de radio, precisamente!- murió durante el salto al no abrírsele el paracaídas, y sus restos descansan hoy en el cementerio militar de Berneuil, en la Charente Maritime. Sus tres compañeros de aventura se salvaron -parece- pero Pla no ha podido identificarlos y sostiene que lo más probable es que no sobrevivieran a la guerra. La paradoja es cruel e inquietante: si hubieran muerto en el salto, como el sargento Gindler, hoy tendrían una tumba con su nombre en Berneuil, aunque no parece que eso les hubiera sido de gran consuelo.

En fin, que el interés del historiador por el caso del avión fantasma arranca en 1968, cuando visitó por primera vez la denominada -por razones obvias- Cresta del Avión, y no lo dejó correr hasta que en 1986 resolvió el enigma con la ayuda de un colega alemán que le puso sobre la pista de un Dornier desaparecido que resultó ser el suyo. Desaparecido, claro, para los archivos alemanes, que ignoraban el destino del avión, y anónimo para los españoles, que desconocían cómo y por qué el aparato se había estrellado en Espot.

Un cadáver calcinado
Pero aún hay más: el incansable Pla reconstruyó de paso de un segundo bombardero que también escogió las montañas del Pallars Sobirà para su último vuelo: en este caso, un Junkers Ju-88 que en la madrugada del 25 de marzo de 1944 cayó envuelto en llamas -quizás bengalas para iluminar un hipotético aterrizaje de emergencia, especula el autor- en la montaña de Enviny, cerca de la llamada Fuente de Cabrità, a 2.100 metros de altura. También de este segundo bimotor se expone en la prisión-museo de Sort una considerable y estupenda colección de piezas: parte de una ala y una bombona de oxígeno, entre otras. Lástima que no se hayan conservado, al menos en Sort, partes de los motores, de las ametralladoras o del fuselaje que aparecen en las fotografías de la época. En cambio, el misterio perdura seis decenios después del accidente, multiplicado por la presencia de un cadáver, los restos calcinados de un solo tripulante de quien la única característica física que pudieron detallar los equipos de rescate fue, dice Pla, que en la nuca quedaban, glups, "restos de mechones pelirrojos".

El anónimo aviador -"Un cadáver hallado en un aparato Junker nº967 de nacionalidad alemana", dice el libro de óbitos de la parroquia- fue enterado el 28 de marzo en el cementerio de Enviny, y en enero de 1982 fue trasladado al cementerio militar alemán de Cuacos de Yuste (Cáceres), donde hoy descansa bajo el triste epitafio de "Ein unbekannter Deutscher Soldat". Es decir, "Un soldado alemán desconocido". Persiste el enigma alrededor del Junkers: ¿por qué cayó: víctima de un caza, del fuego antiaéreo o de una avería fatal?, se pregunta Pla. ¿Por qué se recuperó un solo cuerpo, cuando la tripulación del bombardero la integraban cuatro hombres? ¿Se lanzaron sus compañeros en paracaídas y optó él quedarse a bordo hasta el final, como el capitán del Titanic? ¿Qué hubiera pensado del estupendo verso de Salvat Papasseit, "El més bonic ocell és l'avió"?

[Este artículo se publicó el 14 de diciembre de 2010 en El Periòdic d'Andorra]

1 comentario:

  1. La historia siempre es fascinante, esta que leemos que jamás se repita en una Europa unida.
    Gracias Sr. Pla.

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