Incursiones relámpago, estilo Sturmtruppen, en episodios que tuvieron lugar en Andorra y cercanías durante la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial y las dos postguerras, con ocasionales singladuras a alta mar, a ultramar y si conviene incluso más allá.
[Fotografía de portada: El Pas de la Casa (Andorra), 16 de enero de 1944. La esvástica ondea en el mástil del puesto de la aduana francesa. Copyright: Fondo Francesc Pantebre / Archivo Nacional de Andorra]

sábado, 15 de marzo de 2014

Pepe Csoka: el húngaro errante

Formó parte del Honved, el legendario equipo de Puskas, Czibor y Kocsis que la revolución húngara (y la consiguiente represión soviética) condenaron al exilio español. Josef Pepe Csoka militó en el Atlético, el  Mallorca y el Hércules, y colgó las botas como jugador-entrenador en el FC Andorra. Medio siglo después de aterrizar en Madrid, y coincidiendo con la desaparición de Puskas, evoca la diáspora de una de las mejores generaciones que ha dado el fútbol mundial.

El azar lo hizo coetáneo de la mejor generación del fútbol húngaro,del  europeo y posiblemente del mundial: la de Puskas, Czibor, Kocsis, Hidegkuti y Boszic. Nombres míticos que ejercerán de magdalena proustiana entre los aficionados de cierta edad y que la muerte de Puskas, el 17 de noviembre [de 2006], ha rescatado de las hemerotecas. Porque en la primera mitad de los 50, los Might Magyars -los Poderosos Magiares, como la prensa de la época bautizó a la selección húngara- fueron los grandes dominadores del fútbol mundial, desde que se proclamaron campeones en los Juegos Olímpicos de Helsinki hasta que la revolución húngara -y la consiguiente represión soviética- condenaron al exilio a la columna vertebral de aquel equipo. Cuatro años de supremacía balompédica en que infligieron la primera derrota a domicilio de la selección inglesa -el 25 de noviembre de 1953 en Wembley, con el resultado de 3 a 6 a favor de Puskas y compañía- y establecieron el récord, todavía vigente, de 32 partidos consecutivos sin conocer la derrota, antes de caer por 3 a 2 ante Alemania Federal en la final del Mundial de Suiza en 1954.


Procedente del Honved húngaro, uno de los tres grandes de la liga magiar y en el que había coincidido con Bozsik, Kocsis, Puskas, Czibor, Machos y Tichy, Csoka se fugó a Austria en las Navidades de 1956, tras la invasión soviética, e inmediatamente después lo fichó el Atlético de Madrid de Pazos, Peiró, Collar i Vavá, aunque su primer destino español fue el Huelva. Fotografía: Archivo Csoka.

Csoka fichó por el Mallorca en la temporada 1959-60 con la mejor ficha del equipo, 275.000 pesetas, y el objetivo de ascender a Primera, que se consiguió esa misma temporada (Csoka es el primero por la izquierda en la fila de los agachados). Tras su paso por las islas, en 1963 recaló en el Hércules, su último destino como futbolista profesional, y después de instaló en Encamp; mató el gusanillo todavía unos años como jugador y entrenador del FC Andorra. Fotografía: Archivo Csoka.

El futbolista húngaro, fotografiado en 2012 en la terraza de su domicilio en Encamp, Andorra, donde se istaló a principios de los años 60 tras casarse con la encampadana Pepita Llopis. Fotografía: Tony Lara / El Periòdic d'Andorra.

Josef Pepe Csoka (Voessentlaszlo, 1936) coincidió con la mayoría de sus ilustres colegas en las filas del Honved, que junto con el Ferencvaros y el MTK era (y todavía es hoy) uno de los tres grandes de la liga magiar. Tras pasar por las categorías inferiores del club, debutó con el primer equipo en 1954 de la mano del técnico Janos Kalmar. Todavía es capaz de recitar de una tacada la alineación: Grossics, Rakoczi, Lorant, Bozsik, Kotasz, Budai, Kocsis, Puskas, Czibor, Machos, Tichy... Con este último compartió Csoka hasta 17 convocatorias con la selección juvenil, y parecían llamados a tomar el relevo de la gloriosa generación precedente. Pero la política interfirió decisivamente en sus carreras: el 23 de octubre de 1956 estallaba la revolución en Budapest. La paciencia soviética duró exactamente once días: el 4 de noviembre, 19 divisiones y 6.000 tanques del Ejército Rojo ponían fin a la vía húngara hacia el socialismo.

El terremoto político coincidió con la primera aventura del Honved -vigente campeón de liga- en la Copa de Europa: el 22 de noviembre de 1956 se enfrentaban al Athlétic de Bilbao en San Mamés. El resultado -3 a 2 a favor de los vascos- ya no tenía ninguna importancia, porque la mayoría de los jugadores del Honved había tomado la decisión de no regresar a Hungría. Por eso la vuelta ya no se jugó en Budapest sino en Bruselas, territorio neutral. El empate a 3 final significó la eliminación del Honved y el inicio de un periplo transoceánico de exhibición -jugaron en Italia, Suiza, España y el Brasil- para recaudar fondos y financiar el exilio, al estilo del Hungaria capitaneado por Kubala que seis años antes se había paseado por media Europa. Hasta que el gobierno húngaro y la misma FIFA les prohibieron competir con el nombre del Honved. La columna vertebral del equipo se desperdigó por el continente: Puskas se enroló en el Real Madrid; Kocsis y Czibor, por el Barcelona; otros, como Bozsik, regresaron a su país.

Csoka no había sido convocado para la eliminatoria europea, así que se perdió el peregrinaje de aquel equipo de de repente se había quedado sin patria. Pero en diciembre del mismo 1956 aprovechó la relativa y temporal laxitud soviética en la frontera para huir a Austria: "Me habían invitado a Viena para jugar el torneo de Navidad con el Rapid. Fui con un compañero, Ilku Peter. Nunca hasta entonces se nos había pasado por la cabeza abandonar a nuestro familia y nuestro país. Pero Hungría se había sumido en el desastre: las perspectivas eren nulas. Tras la entrada de los tanques soviéticos, cerca de 200.000 personas había huido del país. Nosotros teníamos suerte porque para jugar al fútbol no necesitas hablar la lengua del país al que has ido a parar. Pero los obreros sí que lo pasaron mal".

Csoka no se considera ni un exiliado ni un refugiado, porque "ni entonces ni ahora me interesaba la política". Había abandonado Hungría para labrarse un futuro laboral, y resultó que las mismas circunstancias políticas que lo forzaron a emigrar jugaron a su favor una vez en el extranjero. Mientras estaba todavía en Viena, y a través de un hermano de Jorge Nemes residente en la capital austríaca -Nemes era otro futbolista húngaro que se había instalado en España en los años 40- el Atlético de Madrid solicitó al Rapid dos jugadores jóvenes para incorporarlos al primer equipo. Peter y Csoka fueron los escogidos. Y la avanzadilla de aquella oleada de ases de la pelota que estaba a punto de hacer historia en el fútbol español: el 4 de enero de 1957 se plantaron en Madrid y ficharon por el equipo colchonero; Puskas, Czibor y Kocsis no se incorporaron a sus nuevos equipos hasta la temporada siguiente porque la FIFA había castigado su deserción con un año de inhabilitación.

Csoka y Peter tuvieorn algo más de fortuna y -como sus compatriotas más adelante- recibió además un trato privilegiado por parte de un régimen franquista que no iba a dejar pasar este regalo. Sólo pretendían ganarse la vida jugando al fútbol, dice Csoka, pero acabaron convirtiéndose en munición para la guerra de la propaganda. Tras jurar la nacionalidad española -trámite que se resolvió en cuestión de meses y que les ahorró el canon de 150.000 pesetas que los clubs tenían que abonar a la Federación por cada jugador extranjero inscrito en la Liga- el mismísimo dictador los recibió en audiencia en el Pardo: "Franco estaba tan obsesionado con el comunismo que no se le ocurrió otra cosa que preguntarnos -pero en serio, ¿eh?- si n lo seríamos nosotros, comunistas. 'Si lo fuésemos, Excelencia, no estaríamos aquí', le respondí."

Hasta aquí, los flecos políticos de aquella pequeña odisea húngara. En adelante, Csoka se limitaría a jugar al fútbol. Primero, en el Huelva, donde recaló unos meses cedido por el Atlético mientras se resolvían los trámites administrativos. Y las dos temporadas siguientes, ya en el conjunto madrileño, que entonces entrenaba Daucik -extécnico del Barcelona y cuñado de Kubala. Quizás ya no era la edad de oro de principios de los 50, cuando los rojiblancos habían ganado dos ligas consecutivas bajo la dirección de Helenio Herrera, y con Benbarek como estrella indiscutible, pero Csoka vivió una edad de plata al lado de jugadores como el portero Pazos, los delanteros Peiró y Collar, y el brasileño Vavá. Con ellos protagonizó el debut del Atlético en la Copa de Europa, la temporada 1958-59, ante el Drumcondra de Dublín. El resultado global de la eliminatoria, muy de la época: 13 a 1 a favor de los chicos de Daucik. El CSKA de Sofía y el Schalke 04 alemán fueron las siguientes víctimas antes de caer en semifinales contra el Real Madrid, que al final se llevaría ante el Stade Reims el cuarto título consecutivo de la máxima competición continental.

¿El mejor equipo de la historia?
Claro que aquel era el Madrid de Puskas, Di Stefano, Gento y Kopa. Una máquina de fabricar goles y a juicio de Csoka el mejor conjunto de la historia... junto con el Honved anterior a la desbandada: "Mejores que el Barça de Cruyff y que el actual de Rijkaard", opina. Por cierto: la gira europea del Honved de 1957, todavía con todas sus estrellas en la plantilla, lo enfrentó al Madrid. El resultado, 5 a 5 (al Barcelona los húngaros lo habían liquidado por 3 a 4). Csoka recuerda la admiración fraternal que le profesaba a Puskas: "Fue el número 1. Lo tenía absolutamene todo: dríbling, pase, toque y sentido de la anticipación. Es cierto que llegó al Madrid con algunos kilos de más, pero allí lo resolvieron atándole un cinturón de plástico alrededor del estómago y haciéndole sudar la gota gorda. Fue un crack, mejor incluso que Di Stefano, que cuando lo vi jugar reconoció enseguida el talento que había en Puskas y le cedió los lanzamientos de falta y de penalti, que hasta entonces era exclusiva suya en el Madrid. También fue Puskas quien enseñó a Gento, que ya era el más rápido, a correr con el balón controlado hasta el córner y a centrar con intención. Y fue esto lo que le convirtió en el mejor extremo del mundo. Era tan, pero tan bueno, que una vez lo cogí por los hombros y le pregunté: '¿Por qué no me das tus piernas?' Y va su mujer y me responde: 'Si es a cambio de su cabeza, hecho..."

En el terreno de juego sólo se vieron una vez las caras: fue en noviembre de 1958, la primera temporada de Puskas en el Madrid. El Atlético llegaba líder a Chamartín, pero salió con el rabo entre las piernas tras el 5 a 0 que les endosaron los blancos. Csoka todavía lo recuerda: "Para que veas cómo se jugaba entonces, Daucik puso diez delanteros ante el portero. ¡Contra el Real! El más defensivo era el lateral Calleja. A mí me puso en el lateral izquierdo, para tapar a Kopa, que tenía una constitución y unas condiciones similares a las mías. '¡Te lo comes!', me decía el entrenador. Era la primera ocasión en que jugaba como marcador, pero en el fútbol profesional tienes que hacer lo que te mandan. Pero era un partido decisivo, y fallamos. Aquella liga la ganó el Madrid, pero es que eran imparables".

Csoka había aterrizado en el fútbol español con el aura de estrella. Se lo llevó el Atlético con una oferta estilo Corleone, de aquellas que no se pueden rechazar: la misma ficha que sus mejores jugadores, Peiró y Collar, es decir, 250.000 pesetas, más otras 5.000 mensuales en concepto de salario: "Piensa que en aquella época un operario cobraba como mucho 2.000 pesetas al mes. Así que nosotros éramos dos chavales de 20 años que de repente nos vimos cobrando una millonada. Claro que no se puede comparar con las estrellas de hoy. Todavía recuerdo cómo se lamentaba Kubala, y con razón, de que en sus 17 temporadas como profesional no llegó a ganar lo que un crack de hoy en un solo año". Y eso que Csoka no puede quejarse: todos los equipos en que militó le conservaron el estatus de estrella. En el Mallorca recaló la temporada 1959-60 con la ficha más alta de la plantilla: 275.000 pesetas y, a cambio, el compromiso de llevar al equipo a Primera. Lo consiguió aquel mismo año. De hecho, en marzo de 2006 y dentro de los actos del 90º aniversario de la fundación del club, el Mallorca homenajeó a los supervivientes de aquella gesta: Arqué, Cobo, Bolao, Forteza, Llopis, Mir, Oviedo y... Csoka. Precisamente de su etapa mallorquina es su mejor recuerdo como futbolista: un eslálom con el balón controlado desde campo propio hasta la portería contraria que terminó en gol: "Parecido a la jugada de Deco contra el Werder Bremen, pero con final feliz". El rival de aquella memorable ocasión fue el Murcia.

Tres temporadas aguantó Csoka en las islas. En 1963 cogió los bártulos y se plantó en Alicante. El Hércules fue su último destino como futbolista profesional. Llegó como el abanderado de un ambicioso proyecto deportivo que tenía que culminar -como en el caso del Mallorca- con el conjunto en Primera. Pero la cosa se torció: "Estiraron más el brazo que la manga, y no llegué a completar mis tres años de contrato porque se quedaron sin dinero". Había llegado la hora de hacer caso de su esposa, Pepita Llop, a quien había conocido en 1957 en unos de los partidos de fiesta mayor que Kubala acostumbraba a organizar en Andorra. Se casaron en 1959: "Decía que el fútbol era cosa de gitanos, siempre de aquí para allá y sin saber nunca dónde estaríamos al año siguiente. Quizás tenía razón..." El caso es que Csoka cambió los campos de fútbol por el supermercado que durante cuatro décadas regentó en encmap (Andorra), y mató el gusanillo jugando y entrenando unas temporadas más con el FC Andorra en la época de los Dolsa, Llovera, Coll, Arias, Reguer, Llopis, Muñoz... "Éramos capaces de llenar el campo con 2.000 espectadores. Ahora a un partido del FC Andorra con suerte van medio centenar de aficionados. ¡Son cifras de un partido de infantiles!"

Mira atrás y se considera un afortunado. Quizás no tenía las piernas de Puskas ni el talento de Kubala, los dos grandes amigos suyos -"A Kubala le decía que se instalara en Andorra, que le darían la nacionalidad y que así no tendría que cargar maletas hacia Suiza, pero no me hizo caso"- pero tuvo en cambio y a diferencia de Puskas suficiente cerebro para levantar un negocio con el que sobrevivir tras la retirada de los campos: "Es mucho más de lo que pueden decir la mayoría de los ases de aquella época, que no diré que hayan muerto en la indigencia, pero casi. ¿Por qué? Una vez te has acostumbrado a un determinado ritmo de vida es muy difícil frenar, y cuando dejas de ser una estrella o te jubilas, los ingresos también se jubilan contigo y los ahorros enseguida se agotan. Muchos no lo supieron prever".

Conserva Csoka hoy parte de su trayectoria deportiva en los recortes de periódicos de la época que avalan un pasado dorado como jugador esencialmente polivalente, un perfil muy actual. No era ni un delantero ni tampoco un extremo nato, pero dominaba las diversas suertes del juego y era sobre todo un buen pasador: "Tenía un buen juego de cintura y recortaba bien. Y aunque no era un goleador -Ronaldinho tampoco lo es- la temporada del ascenso con el Mallorca marqué 17 goles, que no está mal". Se compara con Xavi, Iniesta y -atención, sorpresa- con Soldado. También tuvo la suerte de que las lesiones y las defensas contrarias lo respetaron: "Y eso que eran duros. Los había que si te cazaban te dejaban cojo. Pero yo era más hábil y siempre saltaba más y antes de que los defensas sacaran la segadora. Pero hubo tres, eso sí, con los que nunca pude: Verde, del Extremadura; Navarro, del Rácing, y Heriberto Herrera, un paraguayo que medía dos metros y con el que había coincidido en el Atlético, y que después jugó en el Elche. El caso es que me habían cogido el truco y que si jugaba contra ellos cambiaba de banda para que no me amargaran la tarde".

El exilio español no le salió a Csoka tan caro como a alguno de sus colegas más célebres. Mientras que Puskas y Czibor tardaron un cuarto de siglo en conseguir la autorización para regresar a su país, él lo pudo hacer tan solo diez años después de su salida. Y ni él ni la familia que había quedado atrás -padres y un hermano- tuvieron que hacer frente a ninguna represalia. Hoy vuelve cada año a la casa del barrio de Budapes adonde la familia Csoka se trasladó cuando el pequeño Josef tenía 5 años desde la vecina localidad de Voessentlaszlo. Y es uno de los escasos supervivientes de aquella excepcional generación de jugadores: "¿Que por qué éramos tan buenos? Quizás porque aprendimos a jugar en la calle, con balones hechos a mano, con las medias de mamá rellenas de tela. Éramos pobres pero llevábamos el fútbol en la sangre, y lo seguiremos llevando hasta la tumba". Literalmente, por lo que parece, porque Pepe sigue hoy los partidos de la liga española desde los tres televisores instalados en el comedor de su casa en Encamp, sobre el supermercado del que ha vivid todos estos años. Y como banda sonora, el Carrusel deportivo de Radio Nacional de España. Como si el tiempo no hubiera pasado y en cualquier momento el locutor vaya a narrar el eslálom que un húngaro llamado Csoka se marcó hace 50 años contra el el Murcia.

[Este artículo se publicó el 13 de diciembre de 2006 en la revista Informacions]

3 comentarios:

  1. Heriberto Herrera no jugo en el Elche

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    1. Tiene razón: jugó en el Atlético de Madrid entre 1953 y 1959, cuando se retiró, y donde coincidió por lo tanto con Csoka. Herrera inició después una larga carrera como entrenador, y entre otros muchos equipos dirigió al Elche en la temporada 1963-64. Probablemente de ahí surge la confusión de Csoka al evocar a su antiguo compañero, con el que por otra parta pudo enfrentrarse en la temporada 1958-1959, cuando Pepe jugó en el Recre mientras Herrera apuraba su tiempo en el Atlético.

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  2. Me gutaria poder tener contacto con el juagdor, si es posble, que alguien me proporcione la forma, a us correo

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