Blog de temática preferente pero no exclusivamente bélica que se fijará sobre todo en los episodios que tuvieron lugar en Andorra y cercanías durante la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial y la postguerra, con ocasionales singladuras a alta mar, ultramar y si conviene más allá.
[Fotografía de portada: El Pas de la Casa (Andorra), 16 de enero de 1944. La esvástica ondea en el mástil del puesto de la aduana francesa. Copyright: Fondo Francesc Pantebre / Archivo Nacional de Andorra]

martes, 11 de marzo de 2014

Mundet, ilustrador de 'Alatriste': "El capitán es un moralista; Reverte, también"

Por fin: ya están aquí. Hoy desembarcan en el Museo del Cómic de la Massana (Andorra) Íñigo de Balboa y Angélica de Alquezar, Copons y el gran Quevedo, Malatesta y Bocanegra, Olivares y el conde de Guadalmedina, y naturalmente -cuidado- el capitán Diego Alatriste y la Lebrijana, la dueña de la legendaria Taverna del Turco. Ah, sí, y también el padre de las criaturas, el dibujante catalán Joan Mundet (Castellar del Vallés, Barcelona, 1956), autor de las ilustraciones de las cuatro últimas entregas de la serie de Pérez Reverte, así como de las dos novelas gráficas publicadas hasta hoy (El capitán Alatriste y Limpieza de sangre). Con gusto me iría a vivir a un cuadro de Gauguin, decía un poeta en absoluto menor. Servidor se largaría a una viñeta de Mundet. Y ya me podrían ir a buscar, que no vuelvo. En fin, ya lo saben: habrá que matar, y mucho.





El ilustrador catalán y padre de Alatriste, en el salón del Cómic de la Massana de 2006; en el centro, en el salón de 2014; arriba, el capitán, en uniforme de combate: el bigote que hoy identificamos con Alatriste es una aportación de Mundet, así como los pómulos prominentes y el aire en general chupado. Dibujo: Joan Mundet / Fotografía: El Periòdic d'Andorra.


-¿Qué puede hacer, el Señor de los Bigotes -como usted lo llama- ante la legión de zombis, vampiros y otros bichos que coloniza la historieta actual?
-Las novelas de Alatriste están ambientadas en el Siglo de oro, eso lo sabemos todos. Pero la gracia es que muchos de los temas que tratan -con mano maestra, por cierto- son rabiosamente actuales.

-¿Por ejemplo?
-Corrupción, nepotismo, abuso de poder, pelotzaos... La buena novela histórica -y Alatriste lo es- toma elpasado como excusa y coartada para hablarnos del presente. Y también para opinar sobre este estado de degradación social generalizado. En el fondo, Alatriste es un moralista. Y con él, Reverte. Parece que nos esté hablando de la España de Felipe II y del Conde-Duque; pero no te quepa ninguna duda: está radiografiando el desbarajuste actual.

-A usted, que lo debe saber bien porque casi, casi lo ha parido, ¿qué opinión le merecería un tal Zapatero, al capitán?
-La misma que Felipe IV y su tropa de lameculos: España tiene los gobernantes que se merece. Así de simple y así de lapidario.

-¿Y las guerras de Irak y de Afganistán, en que probablemente se hubeira enrolado un Alatriste del siglo XXI?
-Hay que entender que una cosa son sus opiniones, y otra bien diferente, sus actos. Alatriste es un sodlado y por lo tanto se debe al rey. Así que hubiera ido a Irak sin decir ni mu, porque ese es el deber del soldado. Aunque no estuviera de acuerdo con los motivos que nos han llevado allí. Que ya te digo yo que no lo estaría. Este es Alatriste: un tío que hace lo que hay que hacer, no le que querría hacer. El deber, ante todo.

-Una metáfora de la vida.
-Es un hombre de armas, un asesino, si hace falta, en ocasiones, pero tiene un código de honor con un principio superior, indiscutible: servir al rey; si el rey yerra, él también. Con o sin razón. y no hay más que decir.

-Honor, palabra, lealtad... ¡Qué palabras más gastadas! Hoy nos la spasamos por el forro. 
-Por supuesto. Pero estamos hablando de Alatriste. Y lo queadmiramos de él es lo que sospechamos que a nosotros nos falta. En El caballero del jubón amarillo, un íntimo amigo suyo que ejerce de alguacil en Madrid se ve en la tesitura de detenerlo. Y acaban bnatiéndose a la espada. El deber ante todo: esta es su divisa.

-Como Bogart al final de El sueño eterno.
-Alatriste es un duro, pero de beun corazón. Como el gran Humphrey, sí.

-Ejem: ¿era usted un devoto seguidor de las andanzas de Alatriste, o se convirtió en fan del capitán cuando lo elevaron a ilustrador oficial de la serie?
-Era un ávido lector de la serie. De hecho, recuerdo que cuando leí la primera nobvela, hacia 1996, le comenté a mi mujer: 'Mira, este es el encargo que querría que me hicieran'. La vida me acabó haciendo este regalo: las cosas a veces terminan bien.

-Exactamente, ¿cómo acabó en sus manos, don Diego?
-Trabajaba para la editorial que publicaba las novelas, nos pidierons unas pruebas a unos cuantos ilustradores, y por lo visto las mías le gustaron a Pérez Reverte. Así que, en fin, me ficharon.

-¿Por qué cree que hasta ahora el siglo XVII español, con toda su aventura imperial, ha sido tan poco explotado por la novela y por el cine?
-La herencia del franquismo pesa una barbaridad: nos dieron tanto la lata con la retórica imperial, a los de mi generación, que provocó el efecto contrario: una especie de anticuerpos que nos ponen a la defensiva cuando oímos hablar de la pica de Flandes y todo eso. Pero hay que ir a los orígenes: Reverte creó al capitán para ilustrar ´soibre el Siglo de Oro a su hija de 12 años: un período que su libro de Historia despachaba en... ¡una página y media! Lo que ha conseguido contra pronóstico es rehabilitar literariamente una época que por culpa de la Dictadura había quedado injustamente arrinconada en el desván de nuestra historia.

-¿Le planteó algún dilema moral, contribuir a esta rehabilitación de figuras negras como Felipe IV y Olivares?
-No, porque no encontrarás en ninguna de las aventuras de Alatriste ni el menor atisbo de exaltación patriótica. Al contrario. Y le aseguro que leer a Quevedo, el Buscón y demás es un auténtico placer.

-¿Tan negra era, aquella España? ¿Más que la Francia y la Inglaterra coetáneas?
-Los soldados de los Tercios tenían una fama terrible. Bien merecida, por otra parte: por allí donde pasaban, escabechina al canto. Eran uns salvajes, sin duda. Lo que ocurre es que los ingleses -¡la pérfida Albión!- explotaron hábilmente la leyenda negra para ir zampándose las migajas del imperio.

-Cuando vemos sus viñetas, ¿contemplamos el retrato más verosímil posbibledel Madrid del siglo XVII?
-Diría que sí. Tanto Reverte como yo mismo trabajamos a partir de los mapas de Pedro Texeira de 1656 ,que so de una precisión extraordinaria. Tanto, que nos dice incluso quién vive en cada edifico. Y Texeira es casi coetáneo de Alatriste. Gracias a él conozco mejor el Madrid del XVII que el de hoy mismo.

-Los rasgos físicos de su capitán, ¿cómo los decidió y en quién se inspiró?
-Partí de las descripciones dispersas en la novela, prescindiendo de lo que había hecho e lilustrador anterior [Carlos Puerta]. Mi Alatriste era algo mayor, con entradas. Le puse unos mostachos muy poblados, y le ricé algo el pelo, aunque como es sodlado lo imaginé con un corte militar. Para el rostro, pómulos marcados, aspecto chupado y la mirada dura. Este es el Alatriste que yo imaginé. Reverte lo rejuveneció algo: eliminó las entradas.

-¿Alguna manía confesable?
-Solo una: siempre me pide que, por favor, se lo saque bien guapo.

-Para guapos, Viggo Mortensen: ¿el Alatriste ideal?
-La película es posterior a mis ilustraciones, así que probablemente fue él -o el director, Díaz Yanes- quien se inspiró en mi capitán. Más melenudo, quizás, pero con unos bigotes sin duda procedentes de mi Alatriste.

-¿Buena, la peli?
-Da el pego. Que sea mejor o peor es otro asutno.

-¿No le gustó?
-No l sé, de verdad. Le diré lo que me confesó el productor: "Suerte que la hemos vendido antes de estrenarla, porque si no, no colocamos ni una copia". El problema principal es que sólo ppuedes llenar los vacíos de la trama si has leído preivamente las novelas. Si no es así, estás vendido.

-¿Qué es lo que más admira, de Alatriste?
-Me gustan las historias de perdedores estilo Peckinpah. Y Alatriste es uno de ellos.

-Esto hay que reconocerlo: perder, pierde estupendamente.
-También es un hijo de puta y un asesino. Esta es la parte que estorba. En cierta ocasio se cabrea porque no puede seducir a una dama. Se larga a una taverna, le da por beber, se va detrás de un pobre diablo que hay por ahí, lo provoca, lo reta a un duelo y lo liquida. Esto ya me ralla, la verdad. Ya le digo: Alatriste puede ser muy ,pero que muy hijoputa.

-Si viajara al Madrid del XVII y terminara -Dios no lo quiera- en la Taverna del Turco, ¿con cuál de sus parroquianos le gustaría compartir mesa?
-Con Quevedo, sin duda, que era un cachondo. Y con la Lebrijana, qué hembra.

-La úlitma: "¡Habrá que matar, y mucho!" Poco edificante, ¿no le parece?
-Esto lo dice Quevedo: se refiere a un encargo que ven que será sangriento. Pero es cierto: sacado de contexto no parece una divisa muy ejemplarizante. Pero es que seamos honestos: matar. y mucho, era el oficio de Alatriste.

[Esta entrevista se publicó el 1 de febrero de 2012 en El Periòdic d'Andorra]

No hay comentarios:

Publicar un comentario