Incursiones relámpago, estilo Sturmtruppen, en episodios que tuvieron lugar en Andorra y cercanías durante la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial y las dos postguerras, con ocasionales singladuras a alta mar, a ultramar y si conviene incluso más allá.
[Fotografía de portada: El Pas de la Casa (Andorra), 16 de enero de 1944. La esvástica ondea en el mástil del puesto de la aduana francesa. Copyright: Fondo Francesc Pantebre / Archivo Nacional de Andorra]

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jueves, 1 de octubre de 2015

1933: el año que casi fuimos una república

El historiador Gerhard Lang, biógrafo de Boris Skossyreff, sostiene que el síndico Pallarès, secundado por el Consell General, planeaba prescindir de los Copríncipes y proclamar la República, y que estuvo "en un tris" de conseguirlo. La destitución del Consell decretada por el Tribunal de Corts, la convocatoria de elecciones para el 31 de agosto y sobre todo, la presencia de Baulard y sus gendarmes, ayudaron a sosegar los ánimos. De Pallarès, poco más se supo.


Colegio electoral del quart de Escaldes, que entonces formaba parte de la parroquia de Andorra la Vella, en las elecciones que tuvieron lugar el 31 de agosto de 1933 y bajo la tutela de los gendarmes de Baulard. Una imagen de esta serie sirvió para ilustrar la portada del especial que La Vanguardia dedicó a los comicios andorranos, que llamaron la atención de la prensa internacional. Al año siguiente, calmados ya los ánimos, el encargad de soliviantar al personal fue Borís Skossyreff. Fotografía: Fondo Brangulí (Biblioteca Nacional de Cataluña). 





Los guardias móviles de Baulard, en la plaza Benlloch de la capital, donde tenían su cuartel general: el destacamento llegó a Andorra el 19 de agosto con  la misión de garantizar el orden público -ante las movilizaciones de los obreros de Fhasa- y hacer cumplir la resolución del Tribunal de Corts, que el 10 de junio había destituido a un Consell General francamente refractario a acatar las decisiones judiciales, algo que por lo visto ha creado escuela Runer abajo. Fotografías: Fondo Brangulí (Biblioteca Nacional de Catalunya).

Dos policías franceses montan guardia ante la central de Fhasa entonces en construcción, a la salida de Escaldes en dirección a Encamp. El edificio existe todavía. Fotografía: Fondo Brangulí (Biblioteca Nacional de Cataluña).

¡Qué año, 1933! Vale que al siguente Boris la armó, y cómo, pero admitamos que todo empezó a hervir en abril de 1933. Ya sabe, con la ocupación, el 5 de ese mes, de la Casa de la Vall por un grupo de "jóvenes" que reclamaban, para empezar, la instauración del sufragio universal -masculino, por supuesto- la publicidad de las sesiones del Consell General y la modernización de la administración; fue también el año de las dos huelgas convocadas por los obreros de Fhasa, algo jamás visto por aquí, y la consiguiente movilización del somatén, y la primera intervención de los gendarmes de Baulard, que aterrizaron en este rincón de Pirineo el 18 de agosto y se quedaron hasta el 9 de octubre, una vez elegido el nuevo (y más dócil) Consell, y restablecido aparentemente el orden.

Todo esto nos lo habían contado con cierta prolijidad Antoni Morell (52 dies d'ocupació?) y Arnau González i Vilalta (La cruïlla andorrana de 1933), y parecía por lo tanto que el tema estaba finiquitado. Pues nos equivocábamos, porque Gerhard Lang, el historiador y grafómano alemán que ha buceado en los pontificados de los cuatro primeros obispos de Urgel del siglo XX - Riu, Laguarda, Benlloch y Guitart-, que ha investigado los intentos (frustrados) de Friedrich Weilenmann por establecer unos correos andorranos, además de la figura proteica de nuestro gran Borís, desarrolla una interpretación alternativa de los hechos que tuvieron lugar en ese año crucial en Andorra, 1920-1940, nuevo tocho que busca editor y que aporta una perspectiva inédita, por no decir revolucionaria, a los acontecimientos de 1933.

Por resumir: Lang sostiene que los síndicos del momento, Roc Pallarès -el del telegrama a Roosevelt- y Agustí Coma, tenían un plan más o menos secreto, una -ejem- agenda oculta para prescindir de los Copríncipes y proclamar la república, "siguiendo un modelo similar al español", y que contaba para esta aventura pintoresca y de resultado tirando a incierto "con el apoyo de la mayoría del Consell General". Lo argumenta a partir de la interpretación de la documentación ya conocida  conservada en los archivos diplomáticos de Nantes y en los de los Pirineos Orientales, en Perpiñán, así como en el vaciado de la prensa madrileña de la época -"Sigue con mucho detalle los acontecimientos de esos meses decisivos, y Vilalta la pasa por alto"- con aportaciones personales como el proyecto de Constitución redactado por el mismo Weilenmann, inspirado en el modelo suizo y tan avanzada que el Consell difícilmente la hubiera aprobado, sospecha.

El trabajo de zapa estaba "muy avanzado" del lado de la Mitra: dice Lang que hacía tiempo que el obispo Guitart había dejado de ser el interlocutor del Consell, que despachaba directamente con las autoridades republicanas; del lado francés las cosas era algo más peliagudas, pero en este sentido iba la contumaz negativa de reconocer la autoridad de Joseph Carbonell, el veguer adjunto, una figura inventada en 1932 para vigilar á Charles Romeu -especula Ludmilla Lacueva, biógrafa del veguer; la sibilina asunción de competencias ajenas, como el mando de facto de la policía -cuenta Lang que el encargo de una partida de armas a Bilbao por parte del Consell enardeció al veguer francés, de quien dependían las fuerzas del orden, y que hubo repetidos intentos de prescindir de Paul Larrieu, viejo amigo nuestro que desde 1932 se encargaba de la instrucción de los agentes locales: diez años después, seguía al pie del cañón-, y la reforma de la ley electoral para que pudieran votar todos los hombres mayores de 25 años -y no sólo los caps de casa, como hasta entonces.

Pallarés, síndico y oportunista
Esta última constituía, de hecho, una de las reivindicaciones de los amotinados de abril -aunque ellos, en realidad, pretendían rebajar la edad del voto a los 21 años y, atención, no tenían ninguna intención de romper amarras con respecto a los Copríncipes- y Pallarés la asumió de forma "oportunista". Y este "oportunista" es el adjetivo que, dice, mejor le sienta al síndico, "un individuo que sólo buscaba su propia supervivencia política y que por esto mismo, y si era postulando la independencia, adelante; en cierta manera, me recuerda a Artur Mas": "Tres días después de la ocupación de la Casa de la Vall se convoca una Asamblea Magna en que "tras un orden del día transido de minucias administrativas se intuye la decidida voluntad de prescindir de los Copríncipes". Cuando el Tribunal de Corts los destituye en bloque, el 10 de junio, síndicos y consellers ignoran la resolución y siguen ejerciendo sus funciones, hacen suyas las reivindicaciones de los revolucionarios, y el 27 de julio, dos días antes de ser desposeídos de sus cargos, les pasan la patata caliente a los comuns, solicitándoles que se pronuncien sobre la ruptura institucional: unos, como la capital, se oponen; otros, como Canillo, asienten, y también los hay que guardan silencio: "El caso es que el 29 de julio se impone el criterio de los consellers destituidos, un criterio que para muchos equivalía a una declaración de independencia respecto de los Copríncipes".

En este contexto, la llegada de Baulard como comisario extraordinario al frente de sus guardias móviles se antoja providencial, aunque lo cierto es que hacer entrar en razón al destituido Consell General era sólo una de sus misiones. De las elecciones del 31 de agosto, convocadas por los Copríncipes, emergió un nuevo Consell con el síndico Pere Torres al frente: "No era la opción preferida por los Copríncipes, que hubieran optado por Cairat, pero Torres, por lo visto, tampoco era tan refractario a su autoridad como lo había sido Pallarès. Un hombre, este último, que solo aspiraba a "perpetuarse en el poder", y que por esta misma razón abrazó con el entusiasmo del neófito la causa de la independencia: "De hecho, pretendía que el cargo de síndico fuera vitalicio, y que los consellers se eligieran por dos mandatos -12 años en total- según un proyecto inédito que he localizado en en el alamanaque Gotha".

Lang especula, en fin, que de haber planteado abiertamente sus intenciones rupturistas, el pueblo -que había encajado muy mal la destitución unilateral del Consell decretada por el Tribunal de Corts, "no lo hubieran seguido porque entendían que hubiera sido un suicidio". Y concluye que si los franceses "no hubieran intervenido, habría ganado la lista independentista". Sin Pallarès, por cierto, inhabilitado como todo el Consell destituido a un año alejado de la vida pública: "En mi opinión, todo esto estuvo en un auténtico tris de que ocurriera". Sensacional, ¿no? Pues bien pronto, más. En Andorra, 1920-1940.

[Este artículo se publicó el 30 de septiembre de 2015 en el diario Bon Dia Andorra]

martes, 8 de julio de 2014

Don Roque, el diplomático

Robert Lizarte localiza la respuesta del presidente Roosevelt a la felicitación del Síndico Roc Pallarès.

¡Qué final más redondo para el primer intercambio diplomático entre los EEUU y Andorra! Seguro que lo recuerdan, porque lo contábamos ayer mismo a cuenta de la felicitación que el Síndico Roc Pallarès le envió en marzo de 1933 a Franklin D. Roosevelt con motivo de la investidura de este último como 32º presidente. Una pintoresca, ingenua y conmovedora carta manuscrita que se conserva en la biblioteca presidencial de Albany (Nueva York) y que el historiador Gerhard Lang -el hombre que ha seguido el rastro de nuestro Borís Skossyreff por medio mundo- exhumó tiempo atrás y que ha acabado cediendo al Archivo Nacional de Andorra -una copia, ep, que el original se quedó en Albany. Pues ayer nos quedamos a medias: teníamos la carta del Síndico y la respuesta que el jefe de gabinete de Roosevelt, Louis Howe, le proponía al presidente. Y aquí abajo tienen copia de la carta que el cónsul de los EEUU y señora, Mr. y Mrs. Dawson, le entregaron en persona a nuestro buen Roc en mayo del mismo año. La copia del documento forma parte de la colección de Robert Lizarte, que lo mismo sube a un campanario para escrudriñar los secretos de nuestras campanas que caza pedazos de historia perdidos en el hiperespacio. Puestos a ser puntillosos, alguien se quejará porque se trata de una humilde copia, y que lo que toca es localizar el original: si sobrevivió, como parece probable, a la Revolución de 1933, el sentido común indica que debería conservarse en el Consell General o en Sindicatura. Pero tampoco pondremos la mano en el fuego. Ya no.


Respuesta del presidente Roosevelt a Roc Pallarès, fechada el 12 de abril de 1933 y que le fue trasladada al Síndico por el cónsul general de los EEUU un mes más tarde, y crónica del ABC de Sevilla sobre la visita que Pallarès y el subsíndico, Agustí Coma, giraron a Manuel Azaña en octubre de 1931, cuando acababa de jurar como presidente del gobierno provisional de la República. Fotografía: Archivo Robert Lizarte.

Hay que decir que la misiva de Roosevelt fue probablemente una de las últimas intervenciones de Pallarès en la (digamos) escena internacional, porque en agosto de 1933 fue destituido -de hecho, fue una de las víctimas ilustres de la revolución. Pero ni mucho menos la primera: por lo visto, era el Síndico hombre a quien gustaba la alta política, si por alta entendemos internacional. El mismo Lizarte ha localizado la crónica que el ABC de Sevilla -¿de verdad había algún lector sevillano a quien le interesaban estos episodios?- publicó sobre la visita que nuestro hombre y el subsíndico, Agustí Coma, giraron en octubre de 1931 a Manuel Azaña, que acababa de jurar el cargo como presidente del gobierno provisional de la República. Como se ve, tenía querencia por los gestos simbólicos y por los grandes momentos históricos, y sabía aprovechar la ocasión: a Roosevelt le escribió con motivo de la investidura, y seguro que por su cabeza llegó a pasearse la posibilidad de cruzar el Atlántico, pero no; a Azaña, cuando el hombre todavía ocupaba el cargo de forma más o menos interina. Pero él, como si nada: cogió los bártulos y se plantó en Madrid "por un deber de cortesía" -dice el periodista del ABC- "y a la vez gestionaremos algún asunto de enseñanza y alguno de hacienda". Aquí entra en acción Coma, que va directo al grano: "Queremos que la República nos conceda libertad de aduanas y también procuraremos que nos subvencione la enseñanza del castellano". Por pedir, que no quede. Pero que conste que hoy en Andorra cualquier ciudadano (o residente) puede llevar a sus hijos a la escuela pública española. Gratuita... y pagada por los españoles. Así que Pallarès no pedía nada del otro mundo. Para la posteridad queda el detalle de que Pallarès y Coma se hicieron acompañar por Andreu Massó, "el abogado asesor del Consejo General de la misma República" (andorrana, en este caso) y personaje ubicuo en la vida andorrana de los años 30, y la descripción del Síndico -Roque, para el reportero- como "un viejecito en roble (?) apacible y fuerte". El hombre sentado en el centro de la fotografía. Lo que quieran, pero lo cierto es que no habrá mucha gente que pueda presumir de haber conocido a Azaña y de haberse carteado con Roosevelt. Don Roque, sí.

[Este artículo se publicó el 24 de enero de 2014 en El Periòdic d'Andorra]

lunes, 7 de julio de 2014

'My Dear Mr. President...'

El fondo del historiador Gerhard Lang depositado en el Archivo Nacional conserva copia de la felicitación del Síndico Roc Pallarés a Franklin D. Roosevelt con motivo de la primera investidura del presidente de los EEUU; lo más sorprendente es que el yanqui respondió.

La cosa va hoy de presidentes. Uno, Franklin D. Roosevelt, acababa de ser investido 32º presidente de los EEUU. Esto ocurría el 4 de marzo de 1933 -recordemos que Roosevelt fue reelegido en 1936, 1940 y 1944- y a nuestro Síndico, entonces Roc Pallarès, le faltó tiempo para enviarle una carta de felicitación fechada aquel mismo mes de marzo. De tú a tú, porque Pallarès, que apuraba sus últimos meses de mandato, no tenía pelos manías: "Mensaje dirigido por el Presidente de la pequeña República de Andorra al nuevo Presidente de los Estados Unidos, Mr. Roosevelt..." El mensaje en cuestión, que forma parte del muy prometedor fondo que el investigador alemán Gerhard Lang ha depositado en el Archivo Nacional, consiste en dos páginas manuscritas, una veintena escasa de líneas encabezadas por el sello de Sindicatura, redactadas en un esforzado castellano y con una caligrafía más que razonable -¡y sin faltas de ortografía! El contenido constituye una lacónica y algo pelotera declaración de buena voluntad, sin florituras ni divagaciones, en que Pallarès no descuida "hacer votos para que pueda ver realizados y con feliz éxito todos los proyectos que en bien de América y de sus ciudadanos tiene proyectados".


Las dos páginas manuscritas con el membrete de Sindicatura con que el Síndico Roc Pallerès felicitó la investidura de Roosevelt como 32º presidente de los EEUU. La recepción por el Departamento de Estado está fechada el 1 de abril de 1933, y el original se conserva en la biblioteca presidencial de Albany (Nueva York). Como intermediario en el trayecto de ida actuó Ralph Heinzen, corresponsal de la agencia United Press en París. Esta copia realizada por Gerhard Lang se conserva en el Archivo Nacional de Andorra. Fotografía: Máximus.
Transcripción mecanoscrita al inglés de la carta del Síndico Pallarès efectuada por el Departamento de Estado. La copia también procede del fondo Lang y se conserva en el Archivo Nacional de Andorra. Fotografía: Máximus.

Hasta aquí, nada que se salga de la cortesía habitual en las relaciones (ejem) internacionales. Al fin y al cabo, se trata de dos presidentes interactuando en razón de su cargo. Lo curioso del caso es la pintoresca fórmula en que el Síndico le hizo llegar a Roosevelt su "más cordial y sincera felicitación": a través del corresponsal en París de la agencia United Press, un tal Ralph Heinzen que por lo que parece aterrizó por nuestro rinconcito de Pirineos en el invierno de 1933, quizás atraído por la (digamos) revolución que se estaba cociendo por aquí. Así lo cuenta el primer documento de este exótico dosier que parece salido, comprenderá el lector, de una película de los hermanos Marx: una carta que el presidente -jolín, otro- de UP en Nueva York le envía al delegado de la agencia en Washington, Fred Storm: "Aquí va una interesante: he ejercido a lo largo de mi vida de intermediario entre jefes de gobierno, y también de consejero en la sombra de pobres diplomáticos, pero jamás me habían solicitado que mediara entre dos presidentes". La cosa comienza bien., y continúa todavía mejor con el relato de cómo el presidente de Andorra -"La República más antigua del mundo, según tengo entendido", suelta Storm en un alarde de originalidad- le solicitó al bueno de Heinze que trasladara sus congratulations a Roosevelt: "Como no tiene secretario, lo escribió él de su propia mano, y como tampoco tiene ministro de Asuntos Exteriores ni, de hecho, problemas exteriores -¡hombre afortunado!- tuvo que recorrer a nosotros para llegar a la Casa Blanca". Lo mejor de todo llega en el post scriptum: "Por cierto: su nombre es Roc Falleres" [sic].
El caso es que contra pronóstico, la carta del Síndico acabó llegando a la Casa Blanca, después de pulular unos días por la Secretaría de Estado y de generar el correspondiente papeleo sobre cómo procedía responder al presidente de la república más antigua del universo -según tenía entendido Heinze. Y aquí viene la segunda sorpresa: que Roosevet encontró un momento para contestar. Bien, quien hizo un hueco en su agenda fue su jefe de gabinete, Louis Howe, el cerebro de la todavía más concisa respuesta, a duras penas una decena de líneas, mecanografiadas y en inglés, encabezadas por un sonoro "My Dear Mr. President", y que dicen así: "Es con mi más sincero agradecimiento que he recibido la amable comunicación que me dirigió con motivo de mi investidura como Presidente de los EEUU. Reciba un cordial saludo, créame, señor Presidente. Sinceramente, Franklin D. Roosevelt". El caso es que la carta -en el Archivo Nacional se conserva una copia procedente de la biblioteca personal del presidente norteamericano- no está dirigida ni a Roc Pallarès ni tan solo a Roc Falleres, sino a "Su Excelencia Roi [sic] Palleres, presidente de la República de Andorra".
El epílogo de este sainete -uno se imagina a los funcionarios del Departamento de Estado buscando desesperadamente información sobre nuestra remota y minúscula república- es el viaje inverso que tuvo que girar la respuesta presidencial. Nos da de ello oportuna noticia un artículo del Majorca Sun publicado en mayo de 1934 y rescatado de las profundidades abisales de la hemeroteca universal por el mismo Lang. Según el diario mallorquín, los encargados de trasladar el mensaje a Andorra fueron el cónsul general de los EEUU y su esposa, Mr. y Mrs. Dawson, que según la crónica viajaron en coche desde Barcelona, fueron recibidos "calurosamente" por el "ejecutivo" andorrano y por los consellers, se instalaron unos días en el hotel de Bernat Mas en Encamp -el histórico hotel Oros, que resultaría arrasado en las devastadoras inundaciones de octubre de 1937, pero ésta es otra historia- y tuvieron el humor de hacer alguna escapadita, con especial atención a la vez que se desplazaron hasta Soldeu, "la localidda más alta del país", dicen, "y hasta donde nos permitió avanzar la nieve".. La excursión, probablemente la primera misión diplomática norteamericana en Andorra, tuvo como guía de excepción al periodista y viajero Lawrence Fernsworth, que acababa de publicar en el National Geographic un extenso reportaje, Andorra: Mountain Museum of Feudal Europe, con un título que delata los prejuicios con que los yanquis se plantaron por aquí. Pero no nos pondremos ahora tiquis miquis, porque de lo que se trataba hoy era de celebrar la "sincera" y "cordial" amistad entre Roi Falleres y Franklin D.

[Este artículo se publicó el 23 de enero de 2014 en El Periòdic d'Andorra]