Incursiones relámpago, estilo Sturmtruppen, en episodios que tuvieron lugar en Andorra y cercanías durante la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial y las dos postguerras, con ocasionales singladuras a alta mar, a ultramar y si conviene incluso más allá.
[Fotografía de portada: El Pas de la Casa (Andorra), 16 de enero de 1944. La esvástica ondea en el mástil del puesto de la aduana francesa. Copyright: Fondo Francesc Pantebre / Archivo Nacional de Andorra]

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miércoles, 4 de marzo de 2015

Baby Doc: el huésped más incómodo

Los EEUU, Francia y el Vaticano presionaron en mayo de 1986 al obispo Martí Alanis para que acogiera al derrocado dictador haitiano; tres días de frenética actividad diplomática en que participaron activamente el veguer episcopal, Francesc Badia, y el secretario del Copríncipe, Joan Massa, evitaron que se consumara la Operación Duvalier.

Baby Doc salió de Haití en febrero de 1986, tras ser derrocado por una revulera popular; se instaló en Francia -fue pululando entre la Alta Saboya, la Costa Azul, los Alpes Marítimos y, claro, París- y no regresó a su país hasta al cabo de un cuarto de siglo. En 2011 volvía a pisar tierra haitiana, donde fue acusado de corrupción, tras haber amasado una fortuna calculada en 300 millones de euros que se llevó consigo al exilio. Murió el 4 de octubre de 2014 en Puerto Príncipe, la ciudad donde nació, en 11951.
El fallecimiento de Jean-Claude Duvalier hace quince días pasó por aquí arriba casi desapercibido. Normal, pensará el lector, porque no parece haber ningún vínculo entre nuestro rincón de Pirineos y quien fuera dictador de Haití entre 1971 y febrero de 1986. Pero las cosas podrían haber sido muy diferentes si se hubiera consumado el plan urdido por la embajada de los EEUU en Madrid, la Santa Sede y la misma Francia para endosarnos a tan incómodo huésped. La Operación Duvalier -recuerda Francesc Badia, veguer episcopal entre 1972 y 1993- se gestó contra reloj una vez el dictador hubo aterrizado en territorio francés y a lo largo de tres días de frenética actividad diplomática en que se vio directamente involucrado.

Retrocedamos hasta principios de mayo de 1986. El obispo de Urgel y Copríncipe de Andorra, Martí Alanis, se encuentra en Palma de Mallorca en la inauguración del II Congreso Internacional de la Lengua Catalana, qué oportuno. Y en el palacio episcopal de la Seo reciben una llamada. La atiende Nemesi Marqués, delegado permanente de la Mitra; su interlocutor le plantea la sensacional propuesta de que Andorra conceda asilo político al derrocado dictador haitiano. Marqués se pone inmediatamente en contacto telefónico con Martí Alanis, que se muestra tajante: "De ninguna manera podemos cobijar a este individuo en Andorra", le instruye; "pocas veces lo era tan taxativo", recuerda Badia.

Inmediatamente después, el Copríncipe recibe en Palma una segunda llamda. Ahora es el Nuncio apostólico en Madrid -en la época, Mario Tagliaferri- que insiste en la ocurrencia: "Al llegar a esta punto el obispo ya estaba francamente preocupado: temía que recurrieran a los hechos consumados, y que la comitiva de Duvalier se plantara en el Pas de la Casa con el consiguiente recuelo diplomático. Así que el Obispo ordena a Badia que informe de la situación al entonces síndico, Francesc Cerqueda, que le brinda todo su apoyo, y que ponga en marcha un discreto despliegue policial en el Pas.

La larga mano del Elíseo
En este momento entran en liza los EEUU: probablemente advertidos de la negativa del Obispo, la embajada yanqui juega una última carta y envía a Palma al cónsul norteamericano en Barcelona para entrevistarse en persona con el Copríncipe, que se sacude como puede el muerto de encima. El argumento al que recurrió, cuenta Badia, es que tan solo la escolta que acompañaba a Duvalier ya sería probablemente más nutrida que todo el cuerpo de policía andorrano, que en aquellos momentos apenas superaba el medio centenar de agentes. Aparentemente, el señor cónsul picó el anzuelo. Pero por si acaso, y ya de regreso a la Seo, el sábado, 3 de mayo, se reúne con Badia y le ordena que a la mañana siguiente parta hacia Madrid para entrevistarse con el Nuncio. Y así fue: "Para mi sorpresa, dijo que nos comprendía perfectamente y me pidió que le trasladara al obispo Martí Alanis su pleno apoyo. Y en aquel mismo momento terminó el incidente. Jamás volvimos a recibir llamada alguna respecto a este lamentable capítulo".

Fuese por las dotes convicción del obispo, fuese prque los EEUU, Francia y el Vaticano ya le habían buscado otra salida mas viable a Duvalier, Andorra acababa de esquivar, no sabremos si por méritos propios o por simple hartazgo del personal, la molesta presencia del dictador caribeño. Pero quedan todavía algunos cabos por atar. El más gordo de todos: ¿quién fue el instigador de todo este asunto? Joan Massa, en aquellos momentos secretario de los servicios del Copríncipe episcopal -porque este era exactamente su cargo-, ve detrás de tdo esto la larga mano de los servicios especiales del Elíseo. Y apunta a un hecho según él clave: la primera llamada que se recibió en el palacio episcopal fue hecha directamente desde París, omitiendo de lleno el canal reglamentario, que eran los veguers, en este caso el francés. Badia evoca desde sus 93 años la sincera cara de estupefacción de su colega galo, Louis Deblé, cuando le expuso la delicada situación. Por eso lo interpreta como una ocurrencia extraoficial del Quay d'Orsay -y saben, el ministerio de Exteriores francés- para sacarse el muerto de encima: "Otra cosa es si ellos [los franceses] actuaban al dictado de los norteamericanos, que quizás le debían algún favor al dictador".

Más cabos sueltos: el papel del entonces jefe de gobierno español, Felipe González. Massa fue testigo presencial de la conversación telefónica que mantuvieron en plena crisi con el obispo Martí Alanis: "Felipe entendió enseguida que aquello no podía ser, que Duvalier era un pez demasiado grande para un país tan pequeño. Desconozco si el mismo González realizó por su parte alguna gestión ante la embajada de los EEUU, pero podría haber sido así".

Y hemos dejado para el final la gran pregunta: ¿qué hubiera ocurrido si la comitiva de Duvalier aparece aquella noche de mayo por el Pas? Badia no lo duda: recibí órdenes expresas de no dejarles pasar. Llegado el caso la decisión la hubiéramos tomado conjuntamente con el veguer francés, que hubiera estado de acuerdo... siempre que no hubiese instrucciones en sentido contrario. Como recuerda Badia, al día siguiente al día siguiente recibieron en la Seo una llamada tranquilizadora del mismo Badia: "Noche sin incidentes". La vigilancia se mantuvo unos días, y finalmente el incidente Duvalier se perdió como las lágrimas del replicante Roy en la lluvia interestelar. Hasta hoy claro.

El hombre a quien todo el mundo se quería sacar de encima
La buena memoria del veguer Badia y del secretario Massa ha permitido añadir el nombre de Andorra a la larga lista de países que sonaron como candidatos para acoger en el exilio a Duvalier (1951-2014), derrocado el 7 de febrero de 1986 a causa de una revuelta popular y que embarcó con destino a Francia en un avión de la Fuerza Aérea de los EEUU. Lo más curioso del caso es que ni estos, sus antiguos padrinos, ni Francia la antigua metrópoli, estaban en absoluto dispuestos a concederle asilo. Finalmente el gobierno galo cedió y se instaló en Francia (la Alta Saboya, la Costa Azul, los Alpes marítimo y, claro, París), ya arruinado, primero con un permiso temporal y después de forma más o menos temporal, pero con la connivencia de las autoridades. En 2011 volvió finalmente a Haití, de donde había salido 25 años antes. Fue entonces acusado de corrupción -se calcula que huyó con 300 millones de dólares en los bolsillos- pero no por las 30.000 muertes violentas que se registraron durante sus quince años de mandato. 

[Este artículo se publicó el 19 de octubre de 2014 en el Diari d'Andorra]

miércoles, 7 de mayo de 2014

'Time', 75 años: "vellans", "escaldans" y un sicario de Dillinger

La hemeroteca digital de la revista norteamericana  permite el acceso en línea a las noticias publicdas desde la fundación de la revista, en 1923, incluido el medio centenar de referencias andorranas; el tono paternalista que dedica sistemáticamente a la "feudal relic" perdura hasta  bien entrados los años 70.

Tres cuartos de siglo dan inofrmativamente para mucho. O deberían dar. Pues a la revista Time, el siglo XX andorrano le dio exactamente para medio centenar escaso de referencias. Un puñado de noticias que arrancan en 1923, apenas seis meses después de la aparición de la decana de las revistas de su género en los EEUU, y a cuenta de los ciudadanos andorranos que eran incluidos en la lista Other Europe -¡other!- a la hora del recuneto de las cuotas de inmigración para julio de ese año. A Andorra, Gibraltar, Liechtenstein, Malta, Mónaco y San Marino -esa otra Europa- les tocaron 17 plazas, a repartir entre todas ellas. Tampoco está tan mal si se tiene en cuenta que según Time, "strictly speaking, all these countries are not countries". Un tono como se ve entre condescendiente y paternalista que persistirá hasta bien entrados los años 70: durante más de medio siglo se repetirán los trillados tópicos que identifican Andorra como una "reliquia feudal", una "minúscula república" y un país "de pastores y contrabandistas".

Un país de opereta, en fin, escenario ideal para las andanzas del aventurero de turno: el número del 30 de noviembre de 1942, en plena guerra mundial, sigue la pista de un "americano" que ocho años antes había ofrecido la fabulosa cantidad de 54.000 dólares por todo el país. Afortunadamente, dice Time, "el pequeño consejo escogido por llos cabezas de familia declinó la oferta". En octubre de 1930 merece una discreta mención la aparcición de una compañía, esta vez francesa, dispuesta a invertir 4,5 millons de dólares -esto es una oferta, y no la propina del "americano"- para convertir Andorra en un "segundo Monte Carlo, con casino, ruleta y hotel de lujo". Les faltó añadir una familia real con glamour -aunque quizás lo hubieran hecho tres años después, cuando apareció Borís Skossyreff- y sobre todo, un buen trozo de mar, con su playa, su puerto, sus yates y sus millonarios. Pero es que no se puede tener todo.

Hay referencias, claro, a las convulsiones sociales de la época. En abril de 1932 Time cuenta como la República Neutral de Andorra -esta es ahora la terminología de la revista- ha declarado la ley marcial y mobilizado a sus ciudadanos "más robustos" para controlar a los "escasos" trabajadores extranjeros que han convocado una huelga en la "pequeña central hidroeléctrica del país". Bueno, "ciudadanos robustos" es lo que el redactor de turno creyó que debía ser el somatén; y le debían paracer "escasos" el cerca de medio millar de trabajadores que construían la primera central del país... En fin, que como se ve para Time todo lo que tiene que ver con Andorra es pequeño, escaso o directamente minúsculo. Hay que añadir que los andorranos del momento son retratados poco menos que como unos esquiroles, cosa que no deja de tener algo que ver con la realidad: "El Gobierno, integrado exclusivamente por rudos montañeses, arrojó contra los huelguistas españoles a los hijos de las mejores familias [deben de ser los ciudadanos "robustos" de más arriba], que reventaron fácilmente la huelga y les expulsaron del país". Estos mismos y robustos hijos de las "mejores familias" son los que al año siguiente secuestrarán por unas horas el Consell General -el parlamento local- exigiendo el sufragio universal (masculino, por supuesto). Pero esto Time ya no lo cuenta.

Mas pintoresca, a la altura quizás del nuestr gran Borís -de quien por cierto no hay ni una sola referencia- es la crónica del 17 de enero de 1938. Bajo el prometedor título de Andorra: no admittance, el cronista explica que un tipo que se hace llamar Alex Abraham Sikorski -¿judío, quizás?- se había presentado en Bourgmadame, al otro lado de la frontera hispanofrancesa en Puigcerdá, con la inusitada pretensión de instalarse en Andorra. Ofrecía a cambio la construcción de un "sanatorio" en el país. Y atención, alegaba como carta de presentación su pasado como sicario de John Dillinger. "Soy un gánster, es verdad, pero no un criminal. Jamás he secuestrado a nadie". En el fondo, no era malo, sólo lo habían dibujado así. En fin, según la crónica, este tal Sikorski pretendía ser el hombre que la banda había enviado a Europa tras los pasos de Anna Sage, la putilla rumana que había delatado a John al FBI de Hoover. "Impresionados por el alegato", concluye Time, "Andorra respondió: No admitido". En cambio, por lo visto sí que admitieron a Sikorski las autoridades republicanas, necesitadas -dice la revista con ese tono bufón tan propio- de "buenos pistoleros". Time concluye el episodio de forma bien pintoresca: "En Europa puede ser tan exótico hacerse pasar por gánster americano como pretenderse príncipe en los EEUU".

Tres copríncipes y una pequeña república
Qiuzás por esto mismo, los grandes momentos de Andorra llegaran de la mano de los tres copríncipes franceses: el primero de todos, Vincent Auriol, a cuenta de la Guerra de las radios. Atención, porque estamos en octubure de 1953 y el redactor recurre otra vez al tópico del país "feudal" habitado poruna "feliz comunidad de pastores y contrabandistas hispanohablantes". Error fatal que merecerá una carta al director firmada el 26 de octubre de ese mismo año por un tal George Engerrand, de la Universidad de Texas, que aclara que "el pueblo de Andorra no habla español sino catalán, una de las ocho lenguas de raíz latina". Bravo por el texano.

En septiembre de 1962 asoma brevemente la nariz por Time el entonces síndico, Julià Reig -uno de los escasos andorranos que merece el honor de ser citado con nombre y apellido por la revista. Pues he aquí que Reig ha de dirimir lo que para Time, tan aficionada al exótico guerracivilismo peninsular, constituye una especie de lucha fratricida entre los "vellans" -hay que suponer que se refiere así a los vecinos de Andorra la Vella- y los "escaldans" -los de la vecina localidad de Escaldes, entonces todavía agregada a la capital. Una "guerra" que terminará según Time con la frontera clausurada por orden de la Mitra y la advertencia del veguer francés de que Andorra se podía convertir en un "nuevo Berlín" -entonces en estado de shock por el Muro que la URSS comenzaba a erigir. El rigor, por encima de todo. El momento estelar será la visita de Charles de Gaulle, en octubre de 1967, la primera de un copríncipe francés y -como remata la revista con malicia- efectuada con sus habituales maneras "monárquicas".

Espectacular, vean: por motivos de seguridad, la "milicia" andorrana no pudo rendirle la reglamentaria salva de honor, el país fue ocupado por un millar de gendarmes, y surgieron fricciones cuando el ilustre huésped reclamó que se relajara la estricta ley de la nacionalidad que impedía la naturalización de los -entonces- 15.000 residentes extranjeros: los andorranos, dice Time, se rebelaron, desafinando ostensiblemente en el momento de entonar la Marsellesa. Momento glorioso que tendrá un epígono mucho menos tenso diez años después con la vista de Giscard d'Estaing y Joan Martí Alanis -el copríncipe episcopal, que por cierto ejerce en la crónica un puro papel de comparsa. Hasta el redactor del Time, siempre tan perspicaz, deja constancia de la muy andorrana institución del prestanoms -que permitía a los ciudadanos extranjeros invertir en el país a través de un hombre de paja local. Una institución, por cierto, vigente como quien dice hasta anteayer. Pero esta es otra historia. Como diría Forges, "¡País!"

[Este artículo se publicó el 18 de mayo del 2011 en El Periòdic d'Andorra]