Blog de temática preferente pero no exclusivamente bélica que se fijará sobre todo en los episodios que tuvieron lugar en Andorra y cercanías durante la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial y la postguerra, con ocasionales singladuras a alta mar, ultramar y si conviene más allá.
[Fotografía de portada: El Pas de la Casa (Andorra), 16 de enero de 1944. La esvástica ondea en el mástil del puesto de la aduana francesa. Copyright: Fondo Francesc Pantebre / Archivo Nacional de Andorra]

lunes, 28 de abril de 2014

El tesoro de Sonplosa

Molines Patrimonis y el ministerio de Cultura restauran los dos centenares de piezas de hierro y bronce recuperadas en el yacimiento de la Roureda de la Margineda, la mayor fortaleza medieval excavada en la vertiente sur de los Pirineos.

Los objetos hablan. Observe el lector si no lo cree las llaves de hierro de aquí abajo. De acuerdo: a primera vista no parece muy prometedor, pero resulta que datan de la primera miad del siglo XIV y fueron recuperadas en el yacimiento de la Roureda de la Margineda (Andorra), que Casa Molines -propietaria de la finca- excava desde 2007 y donde ha aparecido por sorpresa e incluso contra pronóstico la mayor fortaleza medieval jamás exhumada en la vertiente sur de los Pirineos. Seguro que lo recuerdan, porque no es la primera vez -ni será la última- que hablamos de esta fascinante aventura arqueológica: un recinto amuralladao de unos 1.500 metros cuadrados de superficie donde se conservan los restos de lo que parece una casa fortificada habitada ininterrumpidamente entre los siglos XI y XIV. La cuestión, en fin, es: ¿qué puerta abrían estas llaves? ¿Qué mano fue la última que la abandonó en un rincón de la fortaleza?¿Qué prisas incitaron a su último poseedor a largarse del lugar dejando las llaves atrás, como si hubiera decidio que jamás regresaría? ¿Quizás la peste negra, que arrasó la Europa de mediados de siglo XIV y que -según el arqueólo Ivan Salvadó, que dirigió las primeras temporadas de la excavación- podría haber precipitado la evacuació del castillo?







Algunos de los 187 objetos de hierro y bronce recuperados en el yacimiento y restaurados por Casa Molines y el ministerio de Cultura. De arriba abajo, llaves de hierro fechadas en la primera mitad del siglo XIV; punta de flecha de seis centímetros de longitud y vaina de espada; olla cerámica del siglo XIV; vellón acuñado en Valencia en 1271, tijeras y hebilla de cinturón también de hierro. Fotografías: Tony Lara / El Periòdic d'Andorra.
Piedra con inscripción en latín (pendiente transcripción) exhumada en Sonplosa. Fotografía. Tony Lara / El Periòdic d'Andorra.
Vista general del yacimiento, abierto al público en 2012. El grupo de visitantes entra en el recinto soberano por la puerta principal de la fortaleza. En primer término, restos de lo que se supone que era la capilla del conjunto residencial. Fotografía: Tony Lara / El Periòdic d'Andorra.

Pues las llaves on sólo una de las 200 piezas de hierro y bronce que han aflorado en la Rouoreda -que recibe también el nombre de Sonplosa, sin duda mucho más sonoro. Casa Molines y el ministerio de Cultura restauyraron el año pasado una docena de ellas, entre las que se encuentran objetos muy poco habituales en yacimientos de estas características: principalmente, unas tijeras también de hierro, una hebilla y un anillo de bronce, y -atención, los aficionados a la parafernalia bélica- abundante material de uso militar: una punta de lanza de unos 25 centímetros de largo, otra punta -ésta, de flecha- de tan solo seis, y para acabar, la vaina de una espada. El tesoro excavado en la Margineda y hasta ahora restaurado se completa con una moneda de vellón acuñada en Valencia en 1271; una olla de cerámica del siglo XIV, y tres piezas más de pizarra fechadas entre los siglos XI y XIV que incorporan motivos bélicos, un nudo de Salomón -emblema por cierto del yacimiento de Sonplosa- y un texto en latín pendiente de transcripción.

Todo el material apareció en un estado de conservación "sorprendente" -según la restauradora Aida Alarcos- y una vez restaurado se conservará en el servicio de Patrimonio. El resto del tesoro, hasta llegar a las 187 piezas mayores -así como los miles de fragmentos de cerámica y los restos de dos molinos también exhumados- tendrán que conformarse de momento con ser catalogados, descritos y conservados, eso sí, en las condiciones de temperatura óptimas. Habrá una exposición, por lo que parece, pero en un futuro que la ministra de Cultura, Susanna Vela, no supo concretar.

De momento, el futuro inmediato es la inminente campaña que Casa Molines llevará a cabo en primavera para consolidar y asegurar los muros más degradados del yacimiento. El objetivo final es abrirlo a lpúblico este mismo verano. Siempre en pequeños grupos y citas concertadas, y con la posibilidad de que se convoquen jornadas de puertas abiertas coincidiendo con acontecimientos como las Jornadas Europeas de patrimonio. La campaña de primavera se prolongará durante todo un mes y tendrá un presupuesto de 20.000 euros, a portados por Casa Molines y el ministerio. Será la quinta desde 2007 y se completará con un estudio de las posibiidades de dinamización y museización del recinto. Los arqueólogos que lo redactarán se han inspirado en el poblado ibérico de Calafell, el parque arqueológico de Gavà, fechado hacia el 6000 a. C. y que constituye la explotación minera más antigua de Europa. Ah, sí, y también en yacimiento de Atapuerca. Ambición no les falta, desde luego. 

Cuatro siglos de ocupación humana

El recinto soberano desde el exterior de las murallas, en una reconstrucción ideal del yacimiento. Carecía de torre del homenaje y los muros podían llegar hasta los cinco metros de altura y los seis de espesor. Ilustración: Molines Patrimonis.

Molines Patrimonis inició en 2007 la excavación del yacimiento de la Roureda de la Margineda. Las tres campañanas precedentes han dado como resultado la exhumación del recinto soberano de la fortaleza, un área de 1.500 metros cuadrados protegida por murallas que podían alcanzar los 5 metros de altura y los 6 de espesor. En el interior de la zona noble se levantaba una casa fortificada de dos o tres plantas, sin torre del homenaje pero con patio y capiulla. Los restos más antiguos corresponden a un edificio de uso agrícola fechado entre los siglos XI y XII. La fortificación del recinto comenzó hacia 1190, mientras que con la firma del Pareatge de 1288 decae el uso militar y el castillo regresa a su primigenio uso agrícola. Sus últimos residentes lo abandonan a mediados del siglo XIV, probablemente a causa de la peste negra.

[Este artículo se publicó el 28 de enero de 2011 en El Periòdic d'Andorra]

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