Incursiones relámpago, estilo Sturmtruppen, en episodios que tuvieron lugar en Andorra y cercanías durante la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial y las dos postguerras, con ocasionales singladuras a alta mar, a ultramar y si conviene incluso más allá.
[Fotografía de portada: El Pas de la Casa (Andorra), 16 de enero de 1944. La esvástica ondea en el mástil del puesto de la aduana francesa. Copyright: Fondo Francesc Pantebre / Archivo Nacional de Andorra]

viernes, 30 de mayo de 2014

Crónica negra a la andorrana: un esbozo

El periodista mallorquín Sebastià Bennasar incluye media docena de casos andorranos entre los 501 crims que has de conèixer abans de morir; el volumen pasa lista a medio millar de casos de homicidio, secuestro, estafa, corrupción, violación y bandolerismo cometidos desde el siglo V hasta hoy en los territorios de habla catalana.

La crónica negra de este país todavía no ha sido escrita. He aquí una labor quizás poco grata para estómagos sensibles y mentes bienpensantes, de esas que sostienen que por aquí arriba no ocurren según que cosas. Pero convendría ir poniéndose manos a la obra porque si no lo hacemos nosotros nos lo harán ellos, con poco, mucho o ningún conocimiento de causa. La prueba ya la tenemos aquí: el periodista mallorquín Sebastià Bennasar (Palma, 1976) ha incluido una docena de casos don Denominación de Origen Pirineos -seis andorranos, cuatro del Alto Urgel, y dos más de la Cerdaña: aquí pincha todo bicho viviente- entre los 501 crims que has de conèixer abans de morir (Ara Llibres), una especie de Quien es Quien de nuestra criminalidad que recoge como dice el título medio millar de casos (y uno de propina) documentados en los territorios de habla catalana exactamente entre el 415 -año en que el rey godo Ataúlfo, que se lo montaba en Barcelona, probó el amargo y frío sabor de la espada- y 2010, el año en que la Garrotxa se hermanó con Puerto Hurraco (y alrededores) gracias al asesino de la Caridad y al sherif de Olot.

Hay un poco de todo: atracos y también secuestros, pequeñas y grandes estafas, corruptelas y corrupciones a gran escala, bandolerismo, pistolerismo, envenenamientos, descuartizamientos, terrorismo de izquierdas y de derechas, fugas espectaculares -no se pierdan la protagonizada en 1993 por Martí Cots, apodado el Rambo de la Cerdaña, caso celebre por estas latitudes que es, por cierto, uno de los preferidos del autor- y sobre todo, asesinatos. Muchos asesinatos. El denominador común de estos 501 crims es -ya se ha dicho- la, ejem, catalanidad de sus protagonistas. Y que no se ofendan (demasiado) ni valencianos ni mallorquines ni andorranos. También son extensivas a todos estos territorios (y a todos los demás, sospechamos) las conclusiones de Bennasar: "Si algo hemos aprendido rodeados de criminales es que la vida humana es muy vulnerable, que con frecuencia no vale gran cosa, y que la muerte ronda por nuestra casa mucho más de lo que querríamos". No hay aquí lugar para el hecho diferencial, ya saben, el raca raca de los primeros años del pujolismo: por lo que respecta a crímenes, criminales y criminalidad, "somos un país bastante normal", sostiene.

Así que Andorra también aporta su cuota de sangre y vísceras. Seis casos, exactamente, que podrían constituir el esbozo de la crónica negra local que, decíamos al comienzo, reclama su relato con urgencia. Vaya por delante que por aquí arriba priman los casos de sangre. El autor los ha ordenado cronológicamente: el primero de la lista data de 1969 y es un crimen pasional -según la terminología de la época- que hoy encajaría mejor bajo la etiqueta de violencia doméstica... si no fuera porque en esta ocasión la víctima fue él, y no ella. Y ya se sabe que no es lo mismo. En octubre de aquel año, una chica granadina que había trabajado como camarera en un hotel de Andorra la Vella clavó un cuchillo de carnicero que había tomado en la cocina en el corazón del hijo de los propietarios, que en aquel momento dormía en su habitación -en la de él, no en la de ella: "El chico intentó extraer el cuchillo, pero cayó al suelo sin fuerzas; ella, ensangrentada, salió al comedor, abrió los ventanales y se lanzó al vacío": ¿El móvil? El temor de la homicida a que el novio la abandonara por otra.

Homofobia, mafia y narcotráfico
El segundo caso andorrano es el infame asesinato de Nuno Robeiro, en abril de 2000, en el callejón que en la época se encontraba tras la cava Benito de Escaldes. Un crimen que sacudió a un país entero por el sádico encarnizamiento de sus autores -"Nuno murió a consecuencia de las patadas que le propinaron en la cara y en la cabeza", recuerda el autor- y por el tufo homófobo del caso. Los asesinos fueron detenidos inmediatamente. Si el asesinato de Ribeiro descubrió a los andorranos la existencia de una criminalidad inédita hasta entonces en este país, el tiroteo del hotel Roc de Caldes de Escaldes, en febrero de 2006, saldado con dos víctimas mortales y el subsiguiente suicidio del asesino, el ciudadano chino Xu Huainan, suposo el regreso de Andorra al submundo de la criminalidad internacional. Un capítulo que se había abierto a lo grande, con toques de Guerra Fría, en febrero de 2004 y con la muerte a machetazos de un turista ruso en la habitación de su hotel en Soldeu, un caso de regusto también mafioso -se llegó a detener a un ciudadano israelí de origen ruso- pero que se ha fundido en el tiempo como las lágrimas del replicante Roy en la lluvia interestelar.

Pero volvamos a Xu: Bennasar especula que liquidó a sus víctimas "por un venganza con trasfondo económico", y destaca que el homicida, antes de suicidarse, destruyó la tarjeta de su móvil. Y esto es todo, porque del caso nunca más se supo. El último caso es probablemente uno de los mas siniestros. De nuevo, violencia doméstica; y de nuevo, la víctima mortal es él. Los hechos ocurrieron el 9 de agosto de 2010 en un piso de la avenida Fiter i Rossell de Escaldes. La mujer apuñaló al marido, dice Bennasar, lo ocultó en un saco y se delató al pedir a unos pintores que trabajaban en el edificio que le hicieran el favor de bajarle el bulto hasta la calle: en ello estaban cuando una de las bolsas en que había envuelto el cuerpo troceado se rompió y empezó a gotear sangre. La policía lo tuvo como es de suponer fácil, muy fácil.

Comparados con los anteriores, los dos últimos casos que completan la lista negra andorrana son casi un juego de niños: el primero lleva el sello del terrorismo de extrema derecha que sacudió España (y algo también Andorra) durante la Transición, y vincula a un tal Miguel Gómez Benet, exconsejero nacional del Movimiento, con una finca de Sant Julià de Lòria -no dice cuál- y con el contrabando de armas -200 pistolas belgas y 25 fusiles ametralladores checos- que después fueron utilizados para atentar contra la revista satírica El Papus. Hay que suponer que no todas, porque de otra manera hubieran atentado no contra un revista, sino contra todo el barrio.

Todavía más light, contemplado desde esta perspectiva, es el blanqueo de dinero procedente del narcotráfico destapado en noviembre de 2010, con una banda que tenía su centro de operaciones "en una sucursal bancaria de Escaldes". No se sorprendan de la reserva a la hora de dar nombres de entidades financieras: la prensa andorrana no los vincula jamás de forma concreta e individual con la criminalidad internacional. En este caso, la red estaba integrada, entre otros personajes de honorable reputación, por un agente de policía y dos banqueros. Tampoco los nombres de los sospechosos, que fueron debidamente detenidos, se conocieron jamás. Son los únicos criminales anónimos de la lista. Pero es que mi país y yo somos así, señora.

Tor, el Rambo de la Cerdaña y el crimen del hotel Avenida
El Alto Urgel y la Cerdaña también enseñan la patita en este particular tour por la criminalidad de montaña. Los honores mediáticos son, naturalmente, para Tor, con la rivalidad histórica entre el Palana y el Sansa y su reguero de sangre, de sobras conocido. Bennasar también reconstruye el doble crimen del hotel Avenida de la Seo, con ramificaciones andorranas porque las dos víctimas fueron muertos otra vez a machetazos a cuenta de una remesa de material electrónico sustraída en Andorra. Fue en junio de 1996, y el único detenido por los estos hechos acusó a su vez a un supuesto ciudadano filipino de quien naturalmente nunca más se supo.

No muy lejos de la Seo, en Pont de Bar, tuvo lugar en 1997 el apuñalamiento y tiroteo del propietario del cámping de Ardaix. Fue acusada del crimen la esposa de la víctima, Carme Badia, que se libró por falta de pruebas y a la que el lector probablemente recuerde porque en 2004 fue nuevamente detenida, ahora bajo la acusación de haber asesinado, en Barcelona, a la psicóloga Anna Permanyer. La lista se completa con el espectacular periplo de Martí Cots, alias el Rambo de la Cerdaña, de ofici, payés, que una vez detenido solicitó ser encerrado en una prisión "donde hubiera vacas". Fue acusado de asesinar en 2004 en Puigcerdá a una prostituta camerunesa: la apuñaló y la lanzó el río Segre cuando aún respiraba. Lo condenaron a cinco años, así que el tío debe de andar por ahí.

[Este artículo se publicó el 31 de agosto de 2011 en El Periòdic d'Andorra]

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